martes, 24 de julio de 2012

El Demonio del Tiempo.


El tiempo pone a cada uno en su sitio. Esta es probablemente una de las frases hechas más repetidas por todos. Es sencillo. Cada tanto, pasamos por momentos duros, y los vivimos con la esperanza de que con el transcurso del tiempo esas penurias pasarán a ser alegrías, y que aquellos (cuando los hubiere) culpables de nuestra desdicha serán castigados, de una manera o de otra.

El tiempo es un muro de aire que erosiona todo aquello que no posee la suficiente fuerza como para atravesarlo. Promesas, anhelos, sentimientos, ilusiones, esfuerzos. Es despiadado, porque no tiene respeto por nada. Ni siquiera por aquello que apreciamos más.

La vida.

El tiempo es traicionero. Durante tus primeros veinte años te hace creer que dispones de él todo lo que quieras. Y entonces, sin que te des cuenta, te arrebata aquello que deseabas no perder nunca, la juventud. Es cierto que por un módico precio te permite ser joven para siempre. Y si no, que se lo pregunten a Kurt Cobain.

Toda mi vida ha sido una guerra contra el tiempo. En ocasiones por la angustia de querer abarcar demasiadas cosas en un período muy corto. En otras, simplemente por hacer única y exclusivamente las que me apetecen, como me apetecen y cuando me apetecen. Una lucha contra el hecho de que todo en mi día a día se basa en las pautas marcadas por su tiranía. Una guerra angustiosa y sin cuartel, que soy consciente perderé en algún momento, pero que pienso seguir librando.

En ocasiones sueño con la inmortalidad y en cómo ese Don podría permitirme vivir varias vidas, ejercer multitud de profesiones, desarrollar todas y cada una de las prácticas (artísticas, físicas, o deportivas) que se han creado y que faltan por crear. Pero el tiempo nunca dejará que sea inmortal. Porque es un muro de aire que lo erosiona todo, y tarde o temprano acabará por erosionar mis deseos, mi fuerza de voluntad, mi memoria, mis capacidades, mi ritmo cardíaco, mi piel, mis huesos, mis cenizas. El tiempo hará desaparecer a las personas que amo, y a las que algún día me conocieron.
Y, por mucho que me empeñe en crear obras con la intención de que perduren...

el tiempo...

erosionará...

mi recuerdo...

....  .......  ....  .........

sábado, 21 de julio de 2012

Renacer (primeras impresiones sobre The Dark Knight Rises)

Advertencia: Los primeros doce párrafos de esta entrada se pueden leer sin miedo a que te destripen nada del filme, puesto que no contienen spoilers. Los siguientes sí los tendrán, pero serás convenientemente avisado para que no te estropeen nada antes de haber visto la película. De todas formas, y aún a riesgo de que no leas este post, he de decir que yo siempre recomiendo entrar a las salas de cine sin saber nada de la cinta que vas a visionar. Así que, si quieres, este artículo te estará esperando, una vez lo hayas hecho.

Son las once de la mañana y estoy nervioso. Aún quedan cuatro horas y cuarenta y cinco minutos para que el cine donde he decidido ver The Dark Knight Rises estrene la película. Horas antes, aún estaba dudando en coger un avión hasta Madrid para verla en Versión Original Subtitulada. Tenía la posibilidad de conseguir un billete bastante barato. Pero un billete barato a Madrid no garantiza que el viaje lo sea. No en una ciudad donde el ticket sencillo de metro ya alcanza casi los dos Euros. Me fastidia sobremanera conformarme con escuchar las voces dobladas, perderme una parte importante de las interpretaciones de los actores. Pero el dinero del billete, y los posibles gastos de la estancia en la capital, me pueden servir para el proyecto que tengo previsto rodar en verano, así que decido quedarme.

Elijo unos cines del sur de Tenerife, que no voy a mencionar, pero que todos conocen. Es curioso porque los dos multicines que hay en la zona son de la misma compañía... y ambos tienen en cartelera las mismas películas. Sin ánimo de ofender, deberían revisar bien la estrategia.

El caso es que decido entrar en la sesión de las 15.45, la más temprana de todas. La sesión antiniñatos, aunque como puedo comprobar después, no exenta de gilipollas. ¿cómo se puede ser tan retrasado de dejar el móvil encendido en la sala? ¿es que no te han advertido suficientes veces ya que hay que silenciarlo? ¿Qué hay que hacer, poner un control en la entrada para que no metas el puto móvil dentro? ¿cómo tienes los huevos, encima, de responder, y ponerte a hablar dentro de la sala, como si estuvieras en el salón de tu casa? En serio, y esto no lo digo con ánimo de buscar polémica, sino con intención reflexiva, los canarios deberíamos hacernos mirar nuestra forma de comportarnos en una sala de cine. He estado en cines de Madrid, Coruña, Granada, Oporto, Orense, o Bilbao, y también había gilipollas, pero nunca vi a la gente portarse con tan mala educación como aquí. Es más, es el único sitio donde si les reprochas estar hablando en la sala, no sólo no se avergüenzan (como en todos los lugares que mencioné), sino que encima van y se rebotan. Es una cosa que me da mucha vergüenza, como canario que soy.

Subnormales a parte, la película comienza, Con los rasguidos musicales que Hans Zimmer y James Newton Howard (Aunque este último no participa en T.D.K.R.) han hecho marca de la casa. Comienzo a disfrutar. El ritmo del filme va lento, pero seguro. Y justo en la escena que da pie al verdadero arranque de la trama, y como si de un presagio de lo que íbamos a ver se tratara, la película se quema. Literalmente. En un primer plano de Michael Caine, el fotograma se desmenuza, hasta desaparecer, como en una peli de ensayo de los años sesenta, o un videoclip cutre. Un claro síntoma de que el negativo se ha quemado. No recuerdo la cantidad de veces que he estado en una sala de cine, y sí que me habían pasado cosas extrañas dentro de ella, pero que se quemara la película... Nunca.

Las luces se encienden. El acomodador entra en la sala.

–Les informamos de que la película se ha quemado. No se preocupen, el problema se solucionará en cinco minutos. Si quieren, pueden aprovechar para ir al baño, o comprar palomitas.

Entonces le contesta un tipo.

–Chacho, no me jodas que has hecho esto pa´ sacarnos el dinero–.Todos nos descojonamos en la sala (¿Ven? esto sí que me gusta de los canarios, esa manera de tomarse las cosas).

La película se reinicia, en el mismo rollo. Esta vez no tengo salvación.

No puedo decir que sea la mejor incursión cinematográfica del Murciélago. Pero es un gran filme, un cierre perfecto para la trilogía. Tiene licencias de adaptación que no han terminado de gustarme del todo, y se desaprovechan algunos personajes. Pero cuando salgo de la sala lo siento. Siento el poso que se me queda cuando he visto una gran película. No sé cómo explicarlo, porque no se trata de algo racional. Es como una enfermedad, o mejor dicho, un conato de trastorno psicológico, que me acompaña en los momentos posteriores al visionado de un film que me ha marcado. Es como ese amigo que está ahí, que rara vez habla, pero que cuando lo hace dice verdades como puños. Bane, y su crueldad implacable; los rasguidos musicales de cuerdas graves, desatados, que emergen cada vez que está en pantalla. Catwoman, y las emociones encontradas que despierta, emociones de amor y lujuria. Batman, renaciendo, y asumiendo su condición de héroe hasta las últimas consecuencias. La puta gloria.


Sí, definitivamente es un peliculón. Quisiera visionarla de nuevo, y hacer un análisis más paciente, que podrán ver en la actualización de El Murciélago en movimiento, un artículo que comenta las diferentes películas de Batman a lo largo de la Historia. Pero, hasta entonces, prefiero evitar la tentación de spoilear...

Bueno, vale, sólo un poquito, para los que ya han visto la película

ATENCIÓN: COMIENZAN LOS SPOILERS.


Cosas que me gustaron:

– Bane. Implacable, violento, terrorífico. En resumidas cuentas, impresionante. Su presencia siempre llena la pantalla. No tanto como lo hizo el Joker en The Dark Knight, pero definitivamente la llena. La primera pelea entre Batman y él, es sencillamente brutal. Me hubiera gustado escuchar la voz original de Tom Hardy.

– Los personajes femeninos: Por fin, Nolan consiguió darles el empaque merecido. Aunque Thalia Al Ghul no es tan genial como imaginaba, Marion Cotillard supera con creces a Katie Holmes y Maggie Gyllenhal.

Anne Hathaway. Podría estar en el apartado anterior, pero creo que se merece uno para ella sola. Cada vez que aparece en pantalla, le basta una mirada para rasgar con uñas de gata el alma, el corazón (y algún que otro órgano más) de los espectadores.

– Batman y Christian Bale. A pesar de su maravilloso trabajo en las otras dos entregas de la saga, Bale siempre parecía a rebufo de un personaje que tiende a eclipsar a los actores que lo interpretan. Esa máscara es demasiado poderosa. Bale le ha dado en todas las entregas un registro de voz grave que seguramente será imitado en próximas adaptaciones del personaje. Pero en este film tiene auténticos momentos de cumbre interpretativa, sobre todo en las escenas carcelarias, y en especial en ese glorioso momento en el que renace.

– El Renacimiento. Para mí, la escena más emocionante de toda la trilogía. No la mejor, pero sí la más emocionante. Ése es Batman, en toda su plenitud. Saltando cualquier obstáculo, por enorme que sea. Cuando, de repente, emergen los murciélagos de una de las oquedades de la pared, casi se me escapan las lágrimas. Las de los ojos, y las de mi pene.

–La Banda sonora de Hans Zimmer. Sin ella, esta película no gozaría del bagaje que tiene. En especial, una vez más, la música que acompaña al villano, es alucinante. La emoción, la terrible sensación de desaliento que se siente en muchos momentos de esta película, se debe a este gran compositor, que no solo mejora con los años, sino que se hace más moderno.

Cosas que NO me gustaron:

Thalia Al Ghul. Y en general todo lo que Nolan ha hecho con la familia Al Ghul. Creo que está claramente desaprovechada. No digo que esté mal hecho, pero está desaprovechado. Detesté especialmente que Thalia se hubiera acostado con Bruce Wayne sólo para conseguir su objetivo final. Llámenme quisquilloso, pero esa no es Thalia. Thalia está enamorada de Batman, eso es lo que la convierte en un personaje lleno de contradicciones, un personaje redondo. Pero de esto ya hablaremos más detalladamente en el post que mencioné antes.

– La extraña desaparición de Alfred. No entiendo que el mejor aliado de Batman desaparezca de repente. Creo que merecía un final bastante más digno, por mucho que hayan metido esa conclusión felicísima en la que tiene gran protagonismo. Si nos ponemos a cavilar, incluso la muerte hubiera sido un cierre estupendo para este personaje, y quizá un motivador más para el renacimiento de Batman.

– Bane. Sí, lo puse arriba como uno de los aciertos, pero creo que el personaje se ve ensombrecido por el truco final de desvelar que, en realidad, fue Thalia quien organizó la trama, y quien además, escapó de aquella cárcel. En menos de un minuto, todo el poder mitológico del personaje se derrumba. Y quizá esta era la intención de Nolan, pero no estoy seguro de que sea una decisión muy acertada. Que para Bane sea todo una cuestión de amor, es una licencia de adaptación que no me entusiasma del todo, por muy bonita que sea.

Rumores Confirmados:

En el artículo Esperando al Murciélago, publicado días antes del estreno de The Dark Knight Rises, enumeraba una serie de rumores o teorías sobre hechos que iban a verse en el filme. Voy a hacer un repaso, a ver en cuáles acerté, y en cuáles patiné descaradamente.

Aciertos:

– Marion Cotillard es Thalia Al Ghul. Se veía venir, después del anuncio de que Liam Neeson (Ras Al Ghul) aparecería en pantalla. Creo que, además, los responsables de Warner fueron un poquito tontos, porque no era necesario dar pistas como poner en los créditos un personaje llamado "Young Thalia Al Ghul", cuando en realidad no se sabe que es una niña, y que es Thalia, hasta el final.

– Sí, Liam Neeson vuelve, aunque su presencia es casi testimonial (apenas una secuencia nueva, todas las demás imágenes están cogidas de Batman Begins).

John Blake (Joseph Gordon-Levitt) es Robin. Aunque no queda claro si al final será Robin, o el propio Batman, pero es un héroe. La triquiñuela de que el personaje en verdad se llame John Robin Blake es un poquito tramposa, pero comprensible, ya que todos los fans conocen a la perfección cuales son los nombres de los que vistieron el traje del chico maravilla.

– Sí, Espantapájaros sale, aunque no con la máscara, sino como Jonathan Crane, que es el que juzga a los rebeldes en el nuevo régimen impuesto por Bane. También es cierto que es Blackgate la prisión liberada por Bane, tal como dijimos.

– Y en efecto, el gran protagonista, junto con Batman, de toda esta Historia, es Gotham y sus ciudadanos. Batman representa la fuerza de voluntad de este pueblo, aún cuando las cosas se ponen duras.


Fallos:

– Ni Thalia ni Ras aparecen para ayudar a Bruce Wayne a Renacer. Hubiera sido bonito, pero no es así.

– No sale Lady Shiva, ni Miranda Tate cumple esa función.

– No reaparece el Joker, ni Dos Caras, aunque se mencione a Harvey Dent en varias ocasiones.

– No queda claro si John Blake será Batman o Robin.


Y creo que con esto está todo. Lo que está claro es que esta saga está terminada, y muy bien. Esperaremos a ver qué nos depara el futuro cinematográfico del Señor de la Noche.  Tengo un poco de miedo, pero no me cabe duda de que el personaje es tremendamente rico, como para que se haya contado todo lo que se puede contar sobre él.

jueves, 19 de julio de 2012

El Murciélago en Movimiento (Un repaso a los filmes en acción real de Batman).

Continúo con mi cruzada personal para honrar el inminente estreno de The Dark Knight Rises. Esta vez sin spoilers. Bueno, si no has visto las películas de las que hablo, posiblemente sí, pero te jodes (haber estudiado).

Hoy empezaré haciendo un repaso a las siete películas que se han producido, en diferentes épocas. Voy a centrarme simplemente en los largometrajes estrenados en salas, y en concreto en los de imagen real. Lo hago de esta manera, a pesar de que, personalmente, creo que lo mejor que hemos visto en una pantalla sobre el personaje es la serie animada creada por Bruce Timm, Batman the animated series; o de que La Máscara del Fantasma (realizada por el mismo equipo que la serie de animación) fue hasta la irrupción de Nolan, el mejor largometraje del Hombre Murciélago. De ellas hablaré con más detalle en otro momento (esta semana no, porque no toca), aprovechando que, además, hay muchas más películas animadas, y que me gustaría visionar para poder hablar con propiedad del tema. De la serie de los sesenta, mejor no comentar mucho, aunque no me quedará más remedio que mencionarla en el siguiente párrafo.

1. Un inicio un tanto paródico.

La primera película de Batman se realizó como extensión al famoso show del canal americano ABC. Era el año 1966, y la serie protagonizada por Adam West y Burt Ward había sido un tremendo éxito. A ver, he de reconocer que, vista con perspectiva, le he cogido cierto cariño a la cinta. Esto se debe a que he comprendido cuál era la naturaleza de la misma (y por ende, de la serie), una comedia absurda y paródica de las historias de superhéroes. De hecho, a este estilo de humor se le llama comedia "Camp". No me pregunten cual es el origen etimológico de este término porque no me interesa un carajo. Estamos hablando de Batman, cojones.

El caso es que el filme, titulado Batman, La Película; tiene algunas secuencias realmente divertidas, como aquella en la que Batman golpea repetidas veces a un tiburón que se le ha enganchado en la pierna (un tiburón bastante falso, todo sea dicho).  El hombre murciélago acaba gritando "¡Robin, tráeme el spray espanta-tiburones!", y el chico maravilla escoge entre varios sprays, hasta que encuentra el que, según su etiqueta, sirve exactamente para espantar escualos. O aquella otra en la que Batman no sabe cómo deshacerse de una bomba que está a punto de estallarle en las manos, porque, vaya donde vaya, siempre hay un inocente al que puede dañar (el colmo es cuando encuentra una zona de agua donde lanzarla sin dañar a personas, pero recula al ver a varios patitos nadando).

Sprays para todo tipo de bichos marinos.
No tengo nada contra esta película, y reconozco que la serie en sí dio mucha popularidad al personaje. Pero fue una época del Caballero Oscuro en la que no era merecedor de ese sobrenombre, así que no considero ni este filme, ni la serie de la que deriva, como una historia de Batman. Es un divertimento intencionadamente cutre, que además ahonda en muchos aspectos gilipollescos subyacientes de la censura americana de la época, y en concreto del libro La Seducción del Inocente, que a su vez alertaba a la sociedad americana sobre Batman y Robin, supuestos instigadores de la homosexualidad en los jóvenes americanos. Fuera de la estupidez imperante a la hora de considerar la homosexualidad como una enfermedad, provocada además por leer un cómic, lo cierto es que las historias realizadas tanto en los comics, como en la tele, o en este mismo film, perjudicaron gravemente el desarrollo de uno de los mejores y más longevos personajes de ficción creados en el siglo XX.


2. Buen intento (La Saga iniciada por Burton y finalizada por Schumacher).

Afortunadamente, las cosas cambiaron en los años 70, gracias a nombres como Dennis O´neil, Neal Adams, Dick Giordano, Terry Austin, Steve Engleheart, o Marshall Rogers. Autores de algunos de los comics más impresionantes del Señor de la Noche, y auténticos instigadores del regreso de éste a su verdadera naturaleza: La oscuridad. Es en esta época cuando entra en escena Michael Uslan, que acabará siendo el productor ejecutivo de todas (y cuando digo todas, me refiero a TODAS) las películas rodadas en adelante sobre el Hombre Murciélago. En ese momento, Uslan está obsesionado con los ocho números realizados por Engleheart, Rogers y Austin (muchos consideran esta etapa como el Batman Definitivo), y a punto está de producir un film en 1979 con un guión basado en ellos. El proyecto fracasa, pero Uslan no ceja en su empeño, y consigue llevar a cabo su sueño en 1989.

Batman, dirigida por Tim Burton, es la primera gran obra cinematográfica del personaje. A pesar existir en ella muchos aspectos que fueron bastante criticados, y con razón, por su falta de fidelidad a los comics (Que el Joker fuera un mafioso, asesino en su juventud de los padres de Bruce Wayne, por ejemplo, no es una decisión muy acertada); hay que decir que sentó muchas de las bases visuales del personaje en el cine.

Fue la primera vez que se optó por cambiar el traje, de gris y azul, a totalmente negro. Un cambio que ha calado incluso en las películas de Christopher Nolan, a pesar de su intención de romper con todo. Pero si por algo será recordada esta cinta será por su Dirección de Arte, ganadora de un Oscar, y por la música de Danny Elfman. Tendrían que pasar casi veinte años, con la salida de The Dark Knight, hasta que Hans Zimmer y James Newton Howard crearan un Score digno de compararse a los que Elfman hizo en las dos obras de Tim Burton.

La historia de Anton Furst, el Director de Arte que dio vida a la inolvidable Gotham City de este film, es mucho más triste. Tim Burton decidió no contar con él para la secuela de la cinta, Batman Returns. El pobre Furst sufrió una grave depresión y acabó suicidándose.

En el elenco actoral estuvieron Michael Keaton, llenando de personalidad al protagonista (a pesar de las voces contrarias a que él lo encarnara), Kim Bassinger en el papel de Vicky Vale (y a la que NINGUNA actriz ha hecho sombra en los filmes posteriores de ninguna de las dos sagas), o Jack Nicholson creando una inolvidable versión de El Joker.

Personalmente, he de declarar un amor descontrolado por esta obra, que vi en su estreno, y es la primera película que tengo consciencia de haber visionado en una sala de cine (había ido mucho antes, a ver ET, pero era tan pequeño que no lo recuerdo). Aún se me ponen los pelos de punta viendo esos emocionantes créditos iniciales. En la escena inmediatamente posterior, aparece Batman por primera vez, y agarra de la pechera a un ladronzuelo. También me agarró a mí, en nombre del cine, y no me ha soltado jamás.
El traje negro de Batman (1989)
sentó precedente para el resto de
la filmografía del murciélago.

Años después, y como era de esperar, estrenaron la secuela de la película, titulada Batman Returns. En ella repetiría Michael Keaton como Señor de la Noche, y Tim Burton como director, amén de Danny Elfman como compositor de la Banda Sonora.

La mayor crítica que se le puede hacer a Batman Returns, es que, a pesar de ser la más oscura de las películas del murciélago, le sucede casi lo mismo que al filme rodado en 1966: No es una historia de Batman. Es decir, sale él, y salen, gloriosamente caracterizados, personajes como El Pingüino (impresionante Danny De Vito) o Catwoman (todo lo que pueda decir sobre Michelle Pfeiffer en traje de látex serán burradas, burradas, y más burradas); pero no es una historia de Batman. Es una genialidad terrorífica y negra como el carbón, muy en la línea de lo que haría Burton años después con Sweeney Todd, pero no es una historia de Batman. Tiene una secuencia maravillosa (que parece ser, homenajearán en The Dark Knight Rises), en la que Bruce Wayne y Selina Kyle descubren, tras besarse, que son Batman y Catwoman, y que acto seguido tendrán que salir a la calle a pelearse... Pero no es una historia de Batman.

Ahora, si Batman Returns no es una película del Hombre Murciélago, menos aún lo son Batman Forever, o Batman y Robin, ambas dirigidas por Joel Schumacher. No perderé mucho el tiempo con ellas. Son cintas, sobre todo la primera de ellas, muy entretenidas, con mucha acción, y con un incontestable poder visual (basado, sobre todo, en la Dirección de Arte, y el vestuario). Pero suponen casi una vuelta a los años de la serie de televisión, con una diferencia: No pretenden hacer comedia absurda, pero tienen escenas tan burdas o más que el film de 1966. Ni George Clooney, ni Val Kilmer están a la altura de Michael Keaton, y los personajes femeninos no aportan nada. De Robin con un piercing y pezones marcados, mejor no hablamos.


3. A la tercera va la vencida (La Trilogía del Caballero Oscuro).

Justo cuando explotaban en el aire todo tipo de rumores sobre proyectos batmanianos, a cual más estrambótico (Superman vs Batman era uno de ellos, no digo más), o cuando se hablaba de una última entrega dirigida por Schumacher, llamada Batman Triumphant (uff...), surgió Christopher Nolan para poner las cosas en su sitio.

Nolan se unió a David S. Goyer, que tenía cierta experiencia en adaptar comics a la gran pantalla, y juntos escribieron el guión de Batman Begins. Christian Bale fue elegido como nuevo Bruce Wayne/Batman, y se decidió que esta película rompería con todas las anteriores. Sería como una especie de revisión del personaje, empezando por sus orígenes, nunca narrados en cine.

Muchos se llenan la boca diciendo que el Batman de Nolan bebe directamente de la aproximación que hicieron Frank Miller y David Mazzuchelli en Batman: Año Uno. La obra de Miller está bastante presente en el filme, pero si quieren conocer cuál fue la influencia capital de Nolan para afrontar esta nueva película, busquen la historieta "El Hombre que Cae", realizada a finales de los años 80 por dos viejos conocidos: Denny O´neil y Dick Giordano. En las 16 páginas que componen la historia, se narra el origen de Batman, desde que asesinan a sus padres, hasta que viste el manto, pasando por su preparación física y mental, amén de la irrupción del murciélago que se convierte en su razón de ser.

Lo emocionante del surgimiento de este proyecto, fue visionar por fin una versión fílmica de Batman digna de los comics. Nolan fue bastante fiel a lo que los fans conocíamos del personaje, haciendo pequeños cambios, normales en una adaptación, pero que no clamaban al cielo, como ocurría en la antigua saga. Muchos llaman a la serie iniciada con este film, "la saga realista" de Batman.

Consiguió darle al personaje un aspecto que justificaba, al mismo tiempo, su estatus de héroe de cómic, y de persona de carne y hueso. De hecho, el actor Christian Bale se enfunda el traje más sencillo y fácil de llevar de todos los que vistieron el manto del murciélago en el cine. Aún recuerdo a Michael Keaton teniendo que girarse 360 grados para poder ver a quién tenía detrás. Ese aspecto fue historia con esta nueva trilogía. Les parecerá una tontería, pero cuando se trata de un personaje cuya fuerza reside en gran parte en sus capacidades atléticas, el hecho de que no se vean en pantalla hace que éste se resienta.

Además, Nolan y Goyer le dieron a los villanos de la historia (Ras Al Ghul, y Espantapájaros, mención aparte de Rupert Thorne, o la testimonial presencia de Victor Zsasz) un leitmotiv realista. Esto era vital porque, aunque los villanos surgidos de las páginas de Detective Comics y Batman (Las series del murciélago), son posiblemente la mayor y mejor galería de malvados vista en el noveno arte, siempre perdían fuelle al ser trasladados a la gran pantalla. De hecho, en la mayor parte de las películas de super héroes cometían el mismo error: Pretender extrapolar literalmente lo que había en las páginas del cómic, a la imagen real. Esos intentos se quedaban siempre en una simple caricatura del personaje, un blanco fácil para las burlas del espectador sobre lo ridículo del disfraz que llevaba el malo en cuestión, o sobre la estupidez de sus actos.

Para empezar, Nolan evita la tentación de disfrazar al doctor Jonathan Crane de Espantapájaros. Ese disfraz, que en los comics resulta visualmente acertado, pues el ojo del lector sabe que se encuentra en un mundo compuesto por tinta y color, en imagen real hubiera quedado ridículo. Por tanto, en la historia de Batman Begins, Crane se pone la máscara de Espantapájaros para protegerse del gas que lanza a sus enemigos, y acto seguido asustarles con su nuevo rostro. Esta forma de hacer veraces a los antagonistas, hace que los espectadores tomen más en serio el peligro que estos representan para el protagonista.

Sucede lo mismo con Ras Al Ghul, aunque para mí el punto negativo de la película se encuentra precisamente en este personaje. He de decir que quizá soy demasiado susceptible con el tema, puesto que Ras es, de toda la fauna criminal que puebla las páginas del Detective enmascarado, mi espécimen favorito. Me molestó en un momento dado el anuncio de que iba a ser Ken Watanabe quien lo encarnara, porque era un actor que estaba de moda en las producciones de Hollywood del momento, y me daba rabia el hecho de que, a lo mejor, le habían escogido por eso. Sí, Ras era oriental en los comics. "Pero no oriental de japón, hombre de Dios" pensé, "es de oriente medio, cojones". Mi indignación se hizo superior al ver la unidimensionalidad que le estaban dando a los minutos que Watanabe salía en pantalla. "¿Cómo cojones os atrevéis a hacer esto con el villano más tridimensional, junto con Dos Caras, de todos los que tiene el Señor de la Noche?".

Pero resultó ser que, en realidad, Remy Ducard (Interpretado por Liam Neeson), era Ras Al Ghul. Una licencia de adaptación que se tomaron Nolan y Goyer. A ver, me gustó que, repentinamente, gozara de esa profundidad que temí no fuera a ver. Pero me molestó que decidieran no hacer de él un personaje Oriental, porque Ras lo era, y en mi modesta opinión, no se puede entender la naturaleza de este ser ficticio en concreto sin su orientalidad. Es decir, estamos hablando de un hombre que, en los comics, ha vivido durante siglos, y cuya forma de ser aún bebe de la época a la que pertenece: La de la Edad Media árabe. Es decir, tiene unos códigos morales muy marcados, totalmente anacrónicos, que le hacen ser alguien entrañable, a la vez que temido.

Está claro: Si decidieron que Ras no fuera oriental, se debió a una mera cuestión de corrección política, dado que en 2005 aún estaba candente el conflicto entre EEUU y varios países de Oriente Medio. Un personaje Árabe, y además terrorista, se antojaba como una fórmula demasiado peligrosa para mostrar ante los censores morales que lamentablemente abundan por el mundo.

De todas formas, y aunque pienso que en la versión de Nolan y Neeson sobre La Cabeza del Demonio, éste pierde cierto carisma del que sí gozaba en el papel, su espíritu está ahí, y está bastante bien adaptado al cine.

Aparte de estos aspectos, el filme hace gala de unas interpretaciones (desde el personaje más importante hasta el más anecdótico) maravillosas, a destacar los roles de auténticos super clase como Michael Caine, Gary Oldman, Tom Wilkinson y Morgan Freeman, pero sobre todo la espectacular creación de Cillian Murphy para el personaje del Espantapájaros. En los momentos en los que no tiene la máscara, el actor alcanza unos picos interpretativos estelares.

Por lo demás, me quedo con todas las escenas super heroicas que contiene el film. Lo verdaderamente emocionante para mí es este aspecto, porque hasta entonces, nunca se habían visto secuencias de acción tan dinámicas, en las que el murciélago mostrase todo su potencial físico, y sus ilimitados recursos para escapar de cualquier situación complicada. Las imágenes de Batman saltando de un tejado, golpeando a los criminales, interrogando a un policía corrupto bajo la lluvia, con el Batmóvil esquivando coches, o sobre todo aquella secuencia en la que escapa del asedio de la policía gracias a sus aliados los murciélagos... Todas ellas se quedan grabadas a fuego en la retina. Como en cualquier gran película que se precie.

Nolan logra hacer la mejor incursión cinematográfica de Batman... Hasta que, en 2008, se estrenó The Dark Knight.

No deja de ser irónico que se titule así (El Caballero Oscuro), siendo una cinta que apuesta decididamente por la luz. Frente a la oscuridad imperante en Batman Begins, T.D.K. se inicia con una visión diurna de Gotham. De eso trata la historia, de cómo el día se corrompe por culpa de la noche. De cómo la propia naturaleza de los seres humanos termina siendo siempre contaminada por nuestros intereses, propios o ajenos (ya sean buenos o malos). Nolan, esta vez acompañado en el guión por su hermano Jonathan (aunque Goyer tuvo que ver con la historia), plantea un juego pocas veces visto en el cine de Hollywood en general, y en el de superhéroes en particular. En estos estamentos de la industria claramente mainstream, sus personajes se dividen en dos frentes opuestos: El bien y el mal. El bien es puro, y el mal es impuro

T.D.K. transforma esta idea, gracias a Batman y los dos villanos que surgen en esta secuela: El Joker y Dos Caras. El Bien y el Mal vienen definidos con dos matices: El Blanco, representado por Harvey Dent (Aaron Eckhart), y el Oscuro, abanderado por Batman. Pero dentro de la claridad manifiesta de Dent, y de la oscuridad más tenebrosa del Hombre Murciélago, se divisan varias tonalidades, que confunden a ambos personajes y les hace confluír en un ambiguo grado de color. El Claroscuro.

Dent lucha contra el crimen desde el lado de la justicia, y Batman lo hace desde el extremo más forajido. Pero el Caballero Oscuro trabaja para ayudar a que se cumpla la ley, mientras que el Caballero Blanco no duda en saltársela cuando necesita solucionar el caso que le ocupa desesperadamente. Ésa es la razón por la que ambos son amigos, porque se complementan a la perfeccción.

Sin embargo, lo verdaderamente interesante del nuevo juego que plantea Nolan, es que la fuerza más pura de las tres que chocan en este filme no es ninguna de las que luchan por el Bien. Sino la que lucha por el mal, o mejor dicho... Por el Caos. El Joker interpretado por Heath Ledger es uno de los mejores villanos que se han creado nunca. Porque es puro. Es un personaje que adquiere una gran tridimensionalidad, precisamente por su aplastante unidimensionalidad. No hay en él una escala cromática de colores, no hay una evolución clara (como la hay, por ejemplo, en Harvey Dent, que termina convirtiéndose en Dos Caras). No se sabe quién es, ni de donde viene, ni por qué actúa de la manera que lo hace. En las dos ocasiones en las que explica cómo se hizo las cicatrices de la boca (el típico reducto del pasado, utilizado hasta la saciedad en Hollywood para definir el leitmotiv de los malvados), cuenta versiones diferentes, posiblemente falsas. Y eso lo hace simplemente... Complejo.

El Joker se empeña en mostrarnos que la pureza (y la verdadera justicia) de los seres humanos está en el Caos. Pero lo que realmente convierte esta película en una obra maestra, es que lo puro se ve siempre derrotado por lo corrupto... Y no necesariamente se trata de algo negativo.

En una de las secuencias finales, Joker coloca dos bombas en sendos barcos. Uno está lleno de civiles, y el otro de presos. Cada uno tiene un detonador, que puede hacer explotar el barco opuesto. Los civiles tienen la vida de los presos en sus manos, y viceversa. El príncipe de los Payasos está seguro de lo que va a suceder: Uno de los dos estamentos sociales hará destruir al otro, el que primero se decida a pulsar el botón. O, con suerte, los dos a la vez. Pero el plan de Joker fracasa en el instante en que la naturaleza de los seres humanos se corrompe. Lo normal, en un animal ansioso por sobrevivir como es el hombre, es que acabaran matándose los unos a los otros. Pero los pasajeros de ambos barcos acaban decidiendo no hacer uso del detonador. Su naturaleza animal, pura e irracionalmente ávida de supervivencia, se ve corrompida por su conducta racional, la que les indica a estas personas que lo que están a punto de hacer es inmoral.

En líneas generales, hay tres cosas que se podrían destacar de este film: El Joker, El Joker, y El Joker. No, en serio, hay muchos más aspectos excelentes en T.D.K., pero siempre halla sus más altas cotas de genialidad cuando el excéntrico villano entra en escena. Heath Ledger compone una de las interpretaciones más icónicas de la Historia del Cine, una lección maestra de cómo se aborda un personaje. Es capaz de manejar los registros faciales más histriónicos, para reducirlos al más contenido de los gestos; de orientar la voz a su capacidad más aguda, para luego despejarla a los extremos más graves. Y todo ello en milésimas de segundo. Un compendio de técnica actoral combinada con grandes dosis de poderío expresivo. Todo ello regado con un vestuario, un maquillaje (¡Esas cicatrices! ¡qué gran idea!), y peluquería excelsos. Acentuado, además, por una banda sonora de leyenda (a la que volveremos más tarde). Un regalo al cine.

Eso sí, un regalo envenenado. Un arma de doble filo, que consigue elevar la película a cotas estelares en cada una de las secuencias donde se muestra, pero cuyo vigor hace que tiemblen los cimientos del resto de metraje. Es como (permítanme la comparación) ese jugador de baloncesto que anota cuarenta puntos por partido, pero acapara todos los balones en ataque, impidiendo que otros compañeros colaboren en labores anotadoras. Los cuarenta puntos del jugador en cuestión harán que su equipo gane el partido, pero eso no ocultará sus limitaciones como grupo.

En T.D.K. sucede esto. La escenas del príncipe de los payasos son tan poderosas, que el resto del metraje se resiente. Esto es particularmente flagrante cuando hablamos de aquellas secuencias en las que se desarrolla el personaje de Harvey Dent, hasta que se convierte en Dos Caras. Este villano se merecía más, y el problema de que no destaque en su plenitud no es por culpa de que su trama esté mal construida. Todo lo contrario. Se trata de que si pones a dos gallos a pelear en un corral, o bien mueren los dos, o bien vive uno solo. Dos Caras y Joker son dos auténticos gallos dentro de la mitología del Hombre Murciélago, rara vez coincidentes. En este caso concreto que sí lo hacen, gana El Joker. Y ciertamente, Harvey Dent se merecía una entrega en la que fuera el villano principal.

Dos Caras sufrió las consecuencias de un Joker descomunal
Así y todo, The Dark Knight es una cinta que gana con cada visionado. Al principio se hace extraña, dado que parece estar a punto de terminar en un momento muy determinado (Cuando el Joker da a elegir a Batman entre salvar a Dent, o a Rachel Dawes), y de repente, continúa durante una hora más. Luego se acaba agradeciendo. En un primer visionado, el espectador puede llegar a sentir cierta molestia por esto, pero cuando le das otra oportunidad, se comienzan a apreciar matices en la trama que hacen ésta mucho más llevadera. Es algo que, generalmente, sucede con todo el cine de Christopher Nolan. Su ritmo es tan endiablado, y su afán intelectual es tan grande, que el espectador no tiene potestad para pestañear, si quiere entender lo que está pasando ante sus ojos. Origen es un claro ejemplo de esto, y The Prestige también. Pero cuando visionas por segunda vez estos filmes, empiezan a desgranarse cosas que son difícilmente perceptibles con un primer visionado.

Aparte de eso, destacar una vez más el rol de los secundarios de lujo (los Oldman, Caine y Freeman), e incluso de los extra secundarios (se me viene a la cabeza el Mafioso Ruso, o el tipo que va de copiloto en el camión que transporta a Dent); el poder visual de todos y cada uno de los planos de la cinta (algo que le debemos, en gran parte, al extraordinario Director de Fotografía Wally Pfister, habitual de Nolan), y sobre todo, sobre todo, sobre todo, la música compuesta por Hans Zimmer y James Newton Howard.

Como dije antes, éste fue el primer Score comparable con el realizado por Danny Elfman en Batman (1989). El corte Why so serious?, escrito y producido para las escenas de El Joker, es una pieza de museo. La emoción, el terror que nos provoca la presencia del excéntrico villano, se la debemos en gran parte a ese crescendo de guitarra, que no cede hasta que llega la fatalidad de los actos del Joker. El resto de la banda sonora no le va a la zaga, y profundiza en lo ya realizado en Batman Begins, consiguiendo una obra redonda.

En líneas generales, el punto flaco de los dos primeros filmes de la trilogía de Nolan, se encuentra en los personajes femeninos. Bueno, en el personaje femenino: Rachel Dawes. Ni Katie Holmes, ni Maggie Gyllenhal consiguen que el personaje salga a flote, lo que me hace pensar que se trata más bien de problemas de guión. Confío en que The Dark Knight Rises solucione este hecho, con dos actrices de sobrado carisma como Anne Hathaway, y Marion Cotillard, que además, y por primera vez, parecen estar en el extremo opuesto al Murciélago.

Tengo muchas esperanzas puestas en The Dark Knight Rises. Aparte del más que posible regreso de Ras Al Ghul a la saga, me hace ilusión que sea Bane (Tom Hardy) el último villano de la trilogía, quizá porque leí la saga de comics en las que aparecía por primera vez, Knightfall. Lo hice con adolescente ilusión, ya que se trataba de unos capítulos que iban a cambiar el status quo del Señor de la Noche. En su momento, me llevé una pequeña decepción, porque la saga no terminó como me hubiera gustado (le pasó lo mismo a muchos lectores). Ya les hablaré de esto una vez visione el filme.

Pero lo cierto es que confío en Nolan para darle la dignidad que merece a este Villano, y que esta maravillosa trilogía termine por todo lo alto.



martes, 17 de julio de 2012

Esperando al Murciélago (Algunas teorías sobre la nueva película de Batman)

Advertencia 1: El 20 de Julio se producirá uno de los estrenos más esperados del año. The Dark Knight Rises, la tercera entrega de la trilogía que Christopher Nolan ha compuesto basándose en el personaje creado por Bob Kane y Bill Finger (aunque este último nunca aparezca en los créditos como tal, por infames cuestiones contractuales).

Dada mi fascinación por el Hombre Murciélago, voy a ser tremendamente pesado con este tema (sí, más incluso que con la Eurocopa, y mira que es difícil). Si a eso le unes que Nolan ha conseguido con las dos películas anteriores de la saga, hacer por fin algo a la altura de los comics del personaje, y que he visionado los diferentes tráilers de esta última entrega una docena de veces, se puede decir que he acabado desarrollando una obsesión sin límite que me hace estar contando las horas hasta el día del estreno.

Para calmarme, escribiré un par de artículos con curiosidades varias sobre la saga, el personaje, y todo lo que tenga que ver con este estreno en concreto.

Advertencia 2: Este artículo en concreto puede contener algunos spoilers de The Dark Knight Rises. Digo "posibles" porque voy a elucubrar ciertas teorías sobre qué personajes pueden aparecer en la película. Esto lo hago porque soy muy guay, y porque me gusta presumir de lo mucho que sé sobre Batman... No, es broma, lo hago para que Ustedes (los que quieran) también participen en el debate, y así, cuando veamos la peli descubramos en qué cosas acertamos y en cuales fallamos. Sí, algo muy freak de Dios. De estas de necesitar que te metan una colleja, para que espabiles. Pero ¿y lo que disfrutaremos?


Advertencia 3: También mencionamos ciertos acontecimientos sucedidos en los comics originales de nuestro protagonista, y que bien podrían verse en el filme, de una manera o de otra.

Si lo prefieres, puedes posponer la lectura de esta entrada, hasta haber visto la cinta, para así poder reírte de las chorradas que he escrito sin tener ni puta idea de lo que hablo.

Bueno, si tras tres advertencias sigues leyendo, entonces ya es cosa tuya, así que luego no me toques los cojones quejándote de que te fusilé nada de la peli.

Vayamos a la yugular: Bane (Tom Hardy) será el nuevo villano, y ya en el trailer te avisan de que le hará mucha pupa a Batman. Y no estamos hablando de una roturita de fibras de nada, en los comics (comienzan los posibles spoilers)se puede ver cómo le rompe la espalda. Catwoman (Anne Hathaway), estará por ahí pululando, haciendo de ¿aliada? del hombre Murciélago. Pero hay ciertos aspectos misteriosos sobre la trama, que me atrevo a profetizar, aún a costa de una posible patinada.

Bane rompe la espalda al Murciélago (viñeta del Nº 597 de Batman, EEUU)
Lo curioso de todo esto, ahora que al fin se acerca el estreno del filme, es el juego que se han traído desde Warner sobre los villanos que iban a aparecer. El primer cartel promocional de la película mostraba una silueta con un signo de interrogación: El símbolo inequívoco de uno de los enemigos más míticos de Batman, El Acertijo.

En su momento se llegó a hablar de Johnny Depp como encarnación del enigmático villano, pero quizá se debió más a un deseo de la masa, que tenía muy en mente al Jack Sparrow de Piratas del Caribe. Posiblemente pensaron que, al ser ambos personajes de cierto tono excéntrico,al bueno de Depp le vendría como anillo al dedo hacer de Acertijo.  Luego se habló de Joseph Gordon-Levitt, pero parece que los que lo hicieron, mearon totalmente fuera del tiesto.

"Yo hubiera preferido otro villano", pensé en su momento. Pero recordé que Nolan, en colaboración con el gran Heath Ledger, habían creado en The Dark Knight (segunda película de esta última trilogía) la mejor versión de El Joker, no sólo cinematográficamente, sino en opinión de un servidor, la más notable desde que apareció por primera vez el personaje en los comics, sólo comparable con la realizada por Steve Engleheart y Marshall Rogers en los años 70. Si habían hecho eso con el Joker, que se antojaba un personaje difícil de afrontar por lo trillado que estaba, al ser el villano principal de la mitología batmaniana, y que además tenía un referente cinematográfico muy poderoso en la versión que Jack Nicholson hizo en Batman (1989), ¿qué no podían hacer con El Acertijo?

También recordé que habían ciertas cosas que me habían disgustado sobre el Ras Al Ghul que se mostraba en Batman Begins (2005), pero ya hablaremos detenidamente de eso en el siguiente post dedicado al Murciélago.

Y hablando de La Cabeza del Demonio, si algo tengo claro, es que el bueno de Ras volverá a personarse en esta saga. No sé si será una aparición breve, o digna de ser llamada secundaria. Pero volverá seguro. Warner sacó hace poco una nota de prensa con todos los filmes en los que estaba previsto la participación del actor Liam Neeson en 2012. Entre ellos estaba The Dark Knight Rises (a partir de ahora T.D.K.R). Como saben, pero voy a recalcar innecesariamente, Neeson fue el actor que encarnó a Ras Al Ghul en el primer filme de la nueva trilogía, así que no hay duda de que el temible cerebro terrorista volverá a cruzarse en nuestra mirada. Y no estará solo.

Thalia besando a Batman, una
de las viñetas más míticas de la
Historia del Caballero Oscuro

Éste es, posiblemente, el punto más caliente de los debates que están surgiendo estos días sobre las posibles tramas de la película. ¿Saldrá Thalia Al Ghul, la hija de Ras, en el filme? y si es así, ¿Será Marion Cotillard quien la interprete?

Mi respuesta a las dos preguntas es SÍ, SÍ y SÍ... Vale, el último "sí" sobra, pero es para enfatizar. Igual me trago mis palabras, pero lo veo clarísimo. En la ficha de la película que se puede ver en la web IMDB, hay un personaje denominado "Young Thalia Al Ghul", así que su aparición es segura. Y en el trailer, Marion Cotillard luce el pelo del mismo color castaño rojizo que Thalia en los comics. Aparte, hay que recordar que el Ras Al Ghul que sale en Batman Begins se hace llamar al principio Remy Ducard, y es de origen francés. Asociando esto a la propia nacionalidad de Cotillard, podríamos pensar que interpretará a la Hija del Demonio. Warner anuncia a su personaje con el nombre de Miranda Tate, pero no me cabe duda de que es una maniobra similar a la que hicieron con Neeson al llamarlo Ducard (Recuerden que, hasta el mismo estreno del filme, todo el mundo creía que Ras iba a ser representado por el actor japonés Ken Watanabe).

Sólo hay algo que me hace dudar. En Knightfall, la saga de cómic original en la que se da a conocer Bane (ojo que ahora vienen los spoilers más duros), éste rompe la espalda a Batman. Bruce Wayne cede el manto del murciélago (explicar a quién y cómo terminaría eso, nos llevaría más de cinco párrafos, así que vamos a dejarlo para otro día), y emprende su recuperación física y moral, ayudado por la misteriosa Lady Shiva. Aunque no creo que Cotillard vaya a encarnar a Shiva, dados los orígenes orientales del personaje, puede que la tal Miranda Tate cumpla la función de ella en la película de Nolan.

O... ¿por qué no? puede ser que Thalia Al Ghul sea la persona que ayude a Batman a recupersarse. Hay una cuestión muy importante aquí, que los que no conozcan bien los comics de Batman no saben sobre Ras Al Ghul. Es alguien que, en varias ocasiones, vuelve literalmente de la muerte, gracias a que su cuerpo es depositado en las llamadas Fosas de Lázaro. Conociendo el afán hiperrealista de Nolan, no creo que las fosas en sí se vean en T.D.K.R, pero seguro que el bueno de Ras y su hija tienen algo que ver en la recuperación física de Bruce Wayne.

Si ella no es Thalia, no sé
quién más puede serlo

Hay que tener en cuenta un aspecto: Ras es quien, tomando como discípulo a Bruce Wayne, da aliento al nacimiento del Hombre Murciélago en Batman Begins. Dado que T.D.K.R. pretende cerrar la trilogía, no me extrañaría nada que fuera el propio Ras quien diera pie a su Renacimiento (Rise).

El otro punto caliente, aunque menos, es qué papel juega Joseph Gordon Levitt en toda esta historia. El rumor más candente es que será el nuevo Robin, aunque en su día se habló de que él sería el encargado de dar vida a El Acertijo. Ahora parece imposible esta última posibilidad, pero Nolan siempre nos la juega cuando nos confiamos, así que no la descarto. Quizá sólo se trate del policía John Blake, tal y como sale en todas las fichas.

En este sentido veo complicado que se trate de Robin, ya que no creo que sea un personaje del agrado de Nolan. Es más, nunca ha sido un personaje del agrado de los que quieren mostrar la vena más oscura de Batman. Robin es, de por sí, un personaje alegre, creado por Bill Finger para contrastar con el carácter doliente y áspero del Hombre Murciélago. No obstante, Nolan cerrará su participación en la franquicia con esta película, así que quizá le apetezca terminar de una forma más luminosa, y la irrupción final del chico maravilla (porque no creo que salga antes) le ayudaría a eso.

Hay otro dato que me hace inclinarme hacia Gordon Levitt como futuro Robin. Aunque el nombre John Blake no está asociado a ninguno de los personajes que han vestido el traje rojiverde (por orden cronológico serían Dick Grayson, Jason Todd, Tim Drake y Damian Wayne), sí que es cierto que el primer Robin de la historia (Grayson), dejó de serlo y se convirtió en Nightwing. Acto seguido, se fue a vivir a otra ciudad, Bludhaven, y comenzó a trabajar de... Policía. Ahí lo dejo.

Si se confirma la aparición del Chico Maravilla, esta puede ser la
versión a la que recurra Nolan, un traje mucho más realista
que el que todos conocemos, enseñando pierna.

Hay otra opción, pero reconozco que ésta es mucho más rebuscada. Batman cedió el manto del murciélago al mencionado Dick Grayson en dos ocasiones. Una, precisamente después de que terminase la saga Knightfall. Y otra, la más actual, cuando las aventuras del Caballero Oscuro están siendo guionizadas por el célebre Grant Morrison (aunque a día de hoy el propio Wayne vuelve a ser el murciélago, todo está demasiado embarullado en las colecciones americanas del personaje). Ya en la segunda parte de la trilogía de Nolan, se menciona el hecho de que la persona que está detrás de Batman no debe tener semejante poder demasiado tiempo, por riesgo a corromperse. No me extrañaría que este tal John Blake, al que se muestra en el trailer como un admirador del héroe, acabe siendo el mismo una nueva encarnación del Señor de la Noche.

Otros rumores van encaminados hacia la posible reaparición de algunos villanos que ya salieron en los otros dos filmes, como Espantapájaros, o posiblemente el Joker. Este último lo dudo mucho, debido a la muerte prematura de Heath Ledger. Nolan sabe que, al contrario que sucediera con Rachel Dawes (personaje al cual interpretaron dos actrices diferentes sin que esto preocupara lo más mínimo al espectador), en el caso del príncipe de los payasos, el público tiene demasiado presente la icónica imagen del difunto actor australiano. Habrá que ver cómo resuelven la situación, puesto que en los comics (y el trailer parece señalar que los tiros irán por ahí), Bane libera a todos los presos de Arkham Asylum. Joker, como bien sabéis, fue encerrado allí, al final de The Dark Knight. Y el Espantapájaros también. De todas formas, aunque han ido a razón de tres villanos por filme (Rupert Thorne, Espantapájaros, y Ras Al Ghul en la primera; Joker, Dos Caras y someramente Maroni en la segunda), y que sólo tres de ellos podrían denominarse suficientemente "Locos" como para entrar en Arkham (Espantapájaros, Joker, y el poco probable, por difunto, Dos Caras), parece que Bane tendrá que conformarse con liberar a los presos de Blackgate. De hecho, Nolan le ha dado un protagonismo al Centro Penitenciario de Gotham como nunca había aparecido en los comics.

Lo que es seguro es que Gotham será, una vez más, uno de los protagonistas destacados. Ciudad Ficticia donde las haya, nunca fue tan real como en esta saga del Murciélago. Lo que hemos visto en estas dos entregas, y veremos confirmado en la última, es a Gotham como reflejo de la humanidad que clama por un héroe. Una ciudad moralmente al borde del abismo, que necesita de su Caballero Oscuro para evitar caer en el mismo. La ciudad Gótica se antoja como un trasunto idealista de las sociedades avanzadas de este mundo, que no tienen la suerte de ser vigiladas por un guardián nocturno.

La Gotham City de esta trilogía es la más
real que se ha visto hasta ahora en el cine.

Y de lo que no hay duda, es de que pasaremos un buen rato viendo esta película, sean ciertos o no los rumores que han salido, y que saldrán hasta el mismísimo día del estreno.

viernes, 13 de julio de 2012

¿Democracia?

Mi abuelo, Felipe Rodríguez Sosa, fue un empresario. Bueno, más que un empresario, habría que decir que fue un visionario. Alguien que supo ver cómo un trozo de tierra que apenas estaba empezando a construirse en el sur de Tenerife, iba a convertirse en la mayor potencia turística de España. Levantó un imperio (y no exagero), una cadena de supermercados cuya hegemonía duró hasta el mismo año de su muerte.

Lo curioso es que, cuando empezaba, él se consideraba de ideología comunista. Provenía de un pueblo tinerfeño llamado Arafo, y había visto cómo dos de sus profesores habían desaparecido para siempre, por culpa de sus ideas izquierdistas. Él siempre tuvo una convicción profunda por estas ideas, cosa que evidentemente no podía expresar en alto, viviendo al amparo de una dictadura. Mantuvo esta fé en el comunismo hasta el mismo día en que, por fin, consiguió que le dejaran entrar en la Unión Soviética. Fue un día de 1979, y estaba tremendamente ilusionado por conocer cómo se vivía en ese país. Su ilusión murió al día siguiente. Nunca supimos exactamente qué vio en ese viaje, no gustaba de hablar del tema, como cuando has vivido algo muy triste, un desengaño, que prefieres enterrar en el olvido.

Sólo sé que a partir de ahí experimentó un progresivo, pero no por ello menos radical, cambio de parecer en lo que a política se refería. En sus últimos años decía sin pudor alguno que con Franco se vivía mejor. Él, que tantas veces criticó al dictador (en voz baja, por supuesto, porque las críticas al régimen no tenían cabida), ahora alababa los años en los que vivió bajo su yugo. Y no estoy hablando de alguien que se vió perjudicado por la llegada del nuevo sistema. Estoy hablando de un hombre que vió multiplicada por tres su fortuna, una vez llegada la Democracia.

–Hombre, abuelo, yo creo que estás meando un poco fuera del tiesto ¿no?
–Tú no comprendes nada, aún no has visto la verdadera cara de todo esto.

Yo entendía, aunque nunca me atreví a contrastarlo, que él podía estar dolido por algo en concreto. Un hijo suyo, mi tío Michel, había muerto en un accidente de moto. En él estuvo oscuramente implicado el hijo de un político valenciano, que desapareció por el foro, y al que nunca se pudo acceder, para ser cuestionado sobre el asunto. Ni siquiera en un régimen totalitario, en el que muchas tierras españolas estaban dominadas literalmente por Caciques, había visto semejante injusticia.

Pero yo siempre creí en la Democracia. Siempre. Incluso cuando el partido que gobernaba no era de mi agrado, siempre me sentí afortunado por vivir en un país tan libre como este. El hecho de que el modo de vida con Franco fuera mucho más seguro (uno de los argumentos que más esgrimía mi abuelo), no podía competir en ningún modo con la libertad de expresión que reinaba en los tiempos modernos. Ni tampoco con una justicia que te permitía defender tu inocencia hasta que se demostraba lo contrario.

Nunca realicé grandes viajes. Es algo que la gente no entiende, pero nunca me gustó el turismo. Quizá porque me crié rodeado de él, nunca me gustó ir a sitios donde no conocía a nadie. En lugar de ello preferí conocer a fondo mi país, yendo a ciudades como Granada, Coruña, Segovia, o comunidades como Cantabria, y Huesca, o pueblos como Santoña, Bueu, o Ávila, por mencionar unos cuantos. Todos ellos lugares donde tenía grandes amigos, que me enseñaron la verdadera esencia de esos sitios. Cuando vaya a algún país extranjero será, o bien con estas condiciones, o bien con intención de vivir allí.

Lo que quiero decir con esto es que, al contrario que le sucedió a mi abuelo, nunca tuve que realizar un viaje que me abriera los ojos. Bueno, sí que lo hice. Volví a mi casa, a Tenerife, once años después de que la abandonara para irme a vivir a Madrid. Aunque siempre venía de vacaciones, esta vez volvía durante una buena temporada, a trabajar en la empresa familiar. Mis padres habían emprendido su negocio veinte años antes, independizándose de la empresa de mi abuelo.

Fue complicado para ellos, pero lograron muchas cosas. No consiguieron emular el imperio de mi abuelo, los mimbres terrenales y turísticos no eran los mismos, pero sí el suficiente poder adquisitivo como para darnos una buena educación a mí y a mi hermano. Se labraron un futuro.

Hasta que esta Democracia se lo robó.

Porque cuando una entidad bancaria te engaña, para luego obligarte a cumplir sus condiciones económicas, eso es un robo.

Cuando las entidades públicas, y las compañías energéticas utilizan métodos mafiosos para cobrar sus pagos, eso es un robo.

Cuando los políticos nacionalistas de tu comunidad presumen de ser canarios a muerte, cien por cien puro gofio, para luego dar rienda suelta a multinacionales alimenticias y hosteleras como en ninguna otra comunidad de este país, eso es un robo.

Y esto no nos pasa a nosotros. Les pasa a todos los ciudadanos de este país.

NOS HAN ROBADO.

Pero ¿saben qué es lo peor? que aún lo siguen haciendo. Lo hacen los políticos que se alternan convenientemente en el gobierno, que están más preocupados por salvar su culo que por ayudar a su pueblo. Y lo reconozco, nunca he sido partidario de partidos como Izquierda Unida, ni lo seré. Pero el espectáculo que dieron el otro día el PP y el PSOE, los primeros aplaudiendo, y los segundos cautelosos en la réplica (sabiendo que ellos iban a tomar las mismas medidas un año antes), fue realmente deprimente. Fue la demostración de que estos hijos de perra que han estado en el gobierno desde el año 82, turnándose para follarnos a todos bien por el culo, no van a salvarnos a nosotros, sino a su patrimonio.

Ver a IU y UPyD erigirse en líderes de la oposición me llenó de orgullo en parte, puesto que voté a estos últimos, en las elecciones del año pasado. Pero siguen siendo partidos que juegan al juego de la Democracia. Un juego en el que ya no creo.

Sin embargo, la mayor decepción que uno se lleva es con la condición humana en sí. Intentamos usar conceptos que nos engloben a todos, como por ejemplo, mundo, o planeta, o continente, o país, comunidad, región, ciudad. En realidad no somos más que un grupo de individuales condenados a tropezar los unos con los otros, con diferentes consecuencias.

Todos estos acontecimientos, toda esta metralla de desengaños que estamos sufriendo, no ha hecho más que convencerme de esto. Ayer, cuando Mariano Rajoy estaba realizando la extremaunción al Estado de Bienestar, pude ver opiniones de todo tipo. Estados de facebook muy bonitos, sí señor. Pero palabras vacías en su mayoría. Y no estoy diciendo que estas que leen aquí estén llenas de significado. Ahí está el problema, para mí lo tienen, pero seguramente para Ustedes no.

Y cuando ví ayer a gente clamando por destrozar todo, o a los oportunistas que aprovecharon para resaltar que en esta democracia se han derrogado derechos que instauró el franquismo, o a los gilipollas que dicen que sólo salimos a celebrar los mundiales de fútbol, o a los retrasados mentales que defendían a capa y espada estas medidas, o a los dos representantes de los dos sindicatos más facinerosos de España beneficiándose de la justa causa de los mineros... Me dio asco. Me dio asco de ser Español, me dio asco de ser Europeo, me dio asco de ser Occidental, y me dio asco de ser una pieza más de esta maraña de gilipollas.

Me sucedió lo mismo que a mi abuelo, con una sutil diferencia. Yo no viví ningún otro régimen, ni considero que el de Franco fuera mejor. Creo que los seres humanos somos entes individuales condenados a ser gobernados por el ente más fuerte. Unas veces se llamará Democracia, otras Dictadura, con suerte Anarquía.

Pero siempre será lo mismo.

miércoles, 11 de julio de 2012

Estafas Energéticas

Cuando Nicola Tesla concibió la electricidad, no lo hizo como una forma de enriquecimiento. Su intención era la de ayudar a los seres humanos. Darles un avance que facilitara sus vidas. Pronto fue relegado al ostracismo, perpetrado por aquellos que sí querían sacar beneficios de ese descubrimiento. Hace poco, he sido perjudicado por una de esas compañías que llevan explotando económicamente la luz, desde hace años. Así que quizá éste sea un texto revanchista. Pero lo cierto es que, debido a este suceso, no he podido dejar de acordarme de un momento muy concreto de mi vida.

La única experiencia laboral de la que me arrepiento es aquella en la que fuí asesor energético para Endesa. En realidad no trabajé para la compañía eléctrica directamente, pero sí lo hice en una empresa a la que tenían contratada para hacer ese cometido (no diré el nombre porque tampoco quiero tener problemas con ellos, pero con un poquito de investigación se puede saber quiénes son).

Antes he dicho que fuí Asesor Energético. Sí, bueno, ese fue el bonito nombre que habían elegido para maquillar lo que realmente era: Un comercial. Un vendedor que iba, puerta por puerta, ofreciendo su producto. Aquello que en el gremio se conoce como la "Puerta Fría".

–Lo bueno de todo –aseguraban los más veteranos, aquellos que en tus primeros días te enseñaban el oficio–, es que aquí no estás vendiendo nada, sino que les estás regalando algo. Por eso te resultará más fácil el trabajo.

No tardé mucho en comprender que todo eso era una falacia, pero no adelantemos acontecimientos. Lo que vendíamos (sin comillas) eran descuentos. En luz y en Gas. Como saben, el mercado energético terminó de liberalizarse en 2009. Esta liberalización dio pie a una guerra entre las grandes compañías para conseguir clientes. De repente, una horda de soldados vestidos de traje salieron a la calle a captar adeptos para su causa. Los grandes rivales eran Endesa e Iberdrola. Sí, es cierto que en Madrid (donde yo trabajé), la mayoría de casas tenían el gas contratado con Gas Natural, pero en el momento que yo estuve haciendo mi trabajo, esa compañía aún estaba en proceso de fusión con Fenosa, y tampoco tenía comerciales pujando por mantener a sus clientes. No les hacía falta, ya que poseían un arma mucho más potente: La desidia de muchos de ellos por cambiar de compañía, unida a la desconfianza natural del ser humano cuando le ofrecen el oro y el moro.

Endesa había apostado fuerte, con una campaña publicitaria que abarcaba todo el espectro mediático, y que anunciaba a bombo y platillo unos descuentos del diez por ciento en luz y gas. Dependía de qué tarifa de último recurso  gozabas. Nunca entendí bien qué era esto, sólo sabía que si tenías una tarifa 2.1 te correspondía un cinco por ciento de descuento en gas, o bien un diez, en caso de que la tarifa fuera 3.2. Si encima, la luz estaba domiciliada al mismo nombre que el gas, te regalaban un 10 por ciento de descuento en luz. Un chollazo.

Los cojones.

Yo me alisté en el bando de Endesa, gracias a la recomendación de mi amigo Juanma, que había empezado unos días antes. Cuando me llamó, no me hizo mucha gracia la idea, pero era un trabajo, así que no le hice ascos. El primer día que llegué a la oficina, habían allí más de treinta personas, apelotonadas en un aula (y a fé que lo era), todas vestidas como si fueran a una cena de nochebuena. Un tipo empezó a hablar, soltando un discurso supuestamente motivador que apestaba a libro de autoayuda. Un sinfín de lugares comunes que debían ayudar a los "asesores" a realizar la faena. Durante el tiempo que estuve allí, asistí a más de veinte charlas, y puedo contar con los dedos de una mano las frases que llamaron mi atención, o que pudieron resultarme útiles en el trabajo. Pero esas charlas eran obligatorias. Era parte del proceso, treméndamente sectáreo, que pretendía tener a sus trabajadores luchando, todos a una, por un objetivo común: Reventar el mercado de la energía.

Una vez finalizó la interminable conferencia, me presentaron a una de las chicas con las que iba a trabajar. Comentamos un poco las cosas que se habían dicho en el aula. Por supuesto, hablé maravillas. Un trabajo es un trabajo. Entonces no lo sabía, pero no me la habían presentado por casualidad. Me estaba testando. No era una función que siempre le tocara a ella, pero ese día sí. Y todo lo que me iba preguntando, soterradamente, era un proceso de selección. Ellos siempre negaban que hubiera uno, de hecho, decían que allí podía trabajar todo el mundo, siempre y cuando generara beneficios. Pero era mentira. Observé personalmente cómo, cuando no les interesaba alguien, inventaban cualquier tipo de excusa para mandarle a casa, con el pretexto de volver a llamarle (cosa que no pasaba nunca). Si les interesabas de verdad, si veían que, no sólo tenías madera de vendedor, sino que podías ser potencialmente captado (y lobotomizado) para la causa, te pedían que te quedaras media jornada con ellos. Yo les interesaba, y fingir predisposición no se me daba nada mal, así que fuí con José Luis (el joven que me había dado el trabajo por medio de Juanma), puerta por puerta, viendo cómo se hacía el trabajo.

Era sencillo, mi grupo, que estaba destinado en el vecindario de Parla, escogía zona: Una urbanización, una serie de edificios, un barrio. Se intentaba seleccionar zonas que no hubieran sido visitadas por comerciales recientemente, para no quemar a los vecinos. Una vez allí, formábamos un corrillo, la jefa de grupo soltaba alguna arenga estúpida, y comenzaba otra vez con el proceso de sectarización: Cada miembro del grupo tenía que decir cuántos contratos iba a hacer ese día. Era una de esas mierdeces motivadoras yankis.

Los contratos eran el objetivo. El McGuffin de toda esta historia. Tu misión como guerrero energético era conseguir que el cliente firmara ese contrato, cosa que le comprometía a cambiar de compañía. Tu misión, por dejarlo aún más claro, era buscar qué casas eran clientes de otras compañías y robarlos para la tuya.

Normalmente nos distribuíamos en parejas, íbamos a un edificio, y uno se repartía los pisos impares, mientras que el otro cogía los pares. Si daba la casualidad de que no pescabas nada, y al bajar te encontrabas a un compañero a punto de conseguirlo, te quedabas a apoyarle. Trabajo en equipo. Sólo si veías que iba a firmar el contrato, tenías permiso para ir en busca de más clientes. Quedabas en algún lado con tu compañero, y listo. Al final del día, nos volvíamos a reunir todos para hacer balance.

En mi día de prueba, entramos en un edificio, y José Luis tocó en varias puertas, hasta que por fin le abrieron en una. El diálogo fue tal qué así:

–Hola buenas, ¿el titular del gas es usted?
–Sí, soy yo.
–Perfecto. Venimos de Endesa por los descuentos del gas y de la luz. ¿Le han tomado nota, como al resto de vecinos?– Por supuesto, era mentira que le hubiéramos tomado nota al resto de vecinos, acabábamos de empezar. Era un rastrero modo de intentar confundir a la víctima, que si era lo suficientemente tonto, podía llegar a estar molesto por ser el único vecino al que no le habían "tomado nota".

El diálogo podía ir por dos vías. O la positiva, en cuyo caso le pedíamos una factura, o la negativa, que era cuando el cliente decía que no estaba interesado, momento en el que José Luis desplegaba, con una seguridad pasmosa, un glosario de reacciones bien estudiadas, que pretendían hacer sentir al vecino como un auténtico gilipollas. "¿cómo? ¿que no le interesa un descuento?". Si el tipo se cerraba en banda, nos íbamos, practicamente riéndonos de él en su cara, por haber sido tan estúpido de dejar pasar una oportunidad como la que le ofrecíamos.

Si conseguíamos que cediera la factura, el diálogo continuaba:

–¿Perdone, me puede decir su nombre, para poder dirigirme a alguien?
–Pepe.
–Bueno, Pepe, yo soy José Luis. Pues si Usted se fija en esta tarifa que viene indicada aquí–le señalabal la tarifa con el dedo–, verá que es una tarifa 3.2, y que por tanto, le corresponde un descuento del diez por ciento en el precio del gas.

En ese momento, Pepe le estaría mirando con cara de incredulidad, intentando digerir el hecho de que ese niñato vestido como un testigo de Jehová le estaba ofreciendo, sin comerlo ni beberlo, un descuento en gas. Lo que no esperaba era lo que venía después.

–Además, ¿de qué marca es su caldera?
–Fagor.
–Pues además de este descuento, Endesa le ofrece el seguro de caldera más completo del mercado, cubierto por todas las compañías punteras del mercado: Siemens, Junkers, Fagor, Vaillant... El único seguro que le garantiza que un técnico de la marca a la que pertenezca la caldera, vendrá a su casa a arreglar cualquier tipo de avería. Es decir, si algo le pasara a su caldera, vendría un técnico de Fagor a arreglársela.

He aquí la jugada. Como ya les dije, los descuentos no eran más que el Mcguffin, el gancho necesario para conseguir el verdadero objetivo: Vender un seguro de Caldera.

Sin perder tiempo, sin dejar un segundo de respiro al interlocutor para reflexionar sobre el gol que le estaban intentando meter, José Luis lanzaba la artillería final.

–Por cierto, es ¿Usted también el titular de la luz?
–Sí...–Solía ser la respuesta.
–Pues además Endesa le da un Diez por ciento de descuento en Luz.

Durante los días que tuve que aprenderme ese Speech (porque era un speech, memorizado desde la primera hasta la última palabra), José Luis me explicó bien el método: Primero, el bocadillo, después la patada, y finalmente, otro bocadillo. Es decir, diez por ciento en gas, seguro de caldera, diez por ciento en luz.

Cuando ya todo estaba más que explicado, José Luis tiraba la estocada.

–Bueno, Pepe, déjame un trocito de mesa para apoyarme y relleno todos los datos para solicitar los descuentos–.

No, no te pedía por favor que le prestaras un sitio donde apoyarse, el "por favor" era una expresión tabú en la jerga del vendedor. El tono de José Luis era siempre como si estuviera haciendo el favor de su vida al cliente. Recuerdo que Juanma siempre se negó a seguir esta norma, y con muy buen criterio, todo hay que decirlo.

Lo cierto es que, en ese punto, era raro que nadie tuviera la lucidez suficiente como para negarse, así que el contrato se firmaba. Podía torcerse en un momento muy determinado, que era cuando solicitabas el número de domiciliación bancaria. Había que hacerlo con mucho cuidado, pero sin mostrar la importancia que tenía, puesto que podías despertar desconfianza en el potencial cliente. Alguna vez perdí un contrato por no saber preguntar este aspecto como debía. Y aún solventado este escollo, todo era susceptible de venirse abajo.

Porque, una vez firmado, una vez conseguido el ansiado contrato, le explicabas todo al cliente: En varios días (no recuerdo la cantidad, honestamente), le llamaban de Endesa para confirmar que habían sido atendidos por un comercial, que éste se había acreditado, que le habían explicado en qué consistía la oferta, y que ésta le interesaba.

Ése era el punto vital. Si el cliente decía que sí a esa llamada de teléfono, el asesor cobraba la comisión correspondiente a ese contrato: De unos 30 Euros, dependiendo del tipo de descuentos que otorgabas, y del tipo de contratos que firmaban (Gas y Luz, Sólo Gas, y todo ello junto a la caldera, que aunque se cobraba como si fuera aparte, SIEMPRE venía en el lote).

El hecho de tener cierta experiencia como actor hizo que me resultara bastante fácil aprenderme el discurso, y las posibles bifurcaciones derivadas de las diversas respuestas que te daban los contrincantes/clientes. Estuve varios días puerta por puerta, con diversos compañeros, observando su forma de trabajar, y sus reacciones a todo tipo de clientes: Desde el más confiado, al más escéptico. Había diferentes estilos. Desde el que se presentaba con una sonrisa en tu puerta, hasta la que te miraba como si te estuviera perdonando la vida. Los había que podían llegar a estar una hora con el cliente, para captarlo y fidelizarlo, de cara a la futura llamada confirmatoria que les mencionamos antes.

El mejor que conocí (y pude ver en acción a auténticos jefazos de la empresa, que de vez en cuando bajaban a la arena para controlar cómo trabajaban los grupos) fue a José Luis, sin duda. Tuve la suerte de que fue mi maestro, y era un lujo verle trabajar. Jamás dudaba un segundo de lo que estaba haciendo, y tenía respuesta hasta para la más puntillosa pregunta (o afirmación) de quien estuviera detrás de la puerta a la que llamara. Tenía una carpeta llena de recortes que había recopilado por su cuenta (allí nadie regalaba nada), que utilizaba en caso necesario (explicaciones sobre la tarifa de gas, noticias sobre la liberalización del mercado de la luz, etc...). Era generoso, y he de reconocer que mi primer contrato me lo regaló él. Por supuesto, nada era por solidaridad. La empresa se regía por una estructura piramidal, en la que , por ejemplo, José Luis cobraba cuatro Euros por cada nuevo contrato que yo conseguía, pero además, mi jefa de grupo se llevaba otro porcentaje, y el gerente de la oficina de Leganés (a la que yo pertenecía), también. Así que les interesaba que yo fuera una puta máquina de hacer dinero.

Y no lo fuí, pero casi. Hice mi primer contrato el mismo día que me dejaron dirigirme a los clientes (después de dos días de prueba), y en las tres semanas posteriores conseguí que me firmaran veintiún contratos. Un día, yendo en el vagón de metro que me llevaba al trabajo, coincidí con uno de los comerciales, de otro grupo. Él llevaba un año en la empresa. Cuando le dije la cantidad de contratos que llevaba en el mes, que en ese momento eran diecisiete, me miró con incredulidad. Él, que era un empleado más veterano, apenas llevaba doce.

Mi fuerte era que la gente se fiaba de mí. Si te encontrabas a un vecino que no estaba por la labor, no tenías nada que hacer, pero si éste permanecía más de quince minutos hablando conmigo, era complicado que no me llevara el gato al agua. Porque en ese punto, ya había conseguido caerle lo suficientemente bien como para que no se imaginara nada malo de mi propuesta.

La fiabilidad que desprendía era tal que hubo días que conseguí varios contratos sin haber empezado la jornada. Yo siempre daba mi teléfono a los clientes que veía más inseguros, a los que tenían que pensárselo. Los más veteranos decían que ese tipo de gente nunca te llama. Que, o firmabas el contrato en el momento, o estabas perdido. Pero a mí me llamaban, y como les dije, muchas veces afrontaba la jornada de trabajo teniendo que visitar a algún cliente que se lo había pensado mejor, y le interesaba mi oferta. Una mañana hice tres contratos, sin haber tocado ninguna puerta.

¿Por qué decidí dejarlo, si me estaba yendo tan bien? Hubo dos razones. Una Personal, y otra Moral.

La personal fue que no tenía un sueldo fijo. Es decir, sólo cobraba de las comisiones por cada contrato. Esto no era malo del todo. Es decir, muchos decían que los jefes de grupo preferían que así fuera porque de este modo obtenían unas comisiones más altas. Yo creo que era una gilipollez. Un sueldo siempre es una base que hace el trabajo mucho más cómodo. Pero ellos no querían que estuvieras cómodo, era parte de ese proceso de sectarización que promovían todos los estamentos de la empresa. Es cierto que el día que hacías muchos contratos te llevabas un buen pellizco. Pero había jornadas que te ibas a casa con el casillero vacío. Y eso era un golpe brutal para tu economía, y para tu autoestima. Y no me refiero al hecho de que te sintieras mejor o peor vendedor. A mí eso me la sudaba. Lo que me jodía es que, hasta entonces, la única vez que había trabajado gratis había sido para hacer cine. Era y es mi pasión, y no me importaba ni me importa hacerlo sin retribución económica. Pero trabajar diez horas seguidas sin ver un duro, por un trabajo de mierda... Eso dolía. Y mucho.

Llegar a tu casa con las piernas doloridas de caminar, y con la cabeza hecha un bombo de repetir frases estúpidas, y aguantar todo tipo de mierda de gente que no conocías, pero a la que practicamente asaltabas en sus hogares, era duro. Saber que estabas desperdiciando tu tiempo en algo que no fuera tu razón de ser, lo era más. Y los días que venías sin un céntimo en el bolsillo, este sentimiento se hacía insoportable.

La razón Moral fue que cada vez se me hizo más difícil ignorar que lo que en realidad estaba haciendo era vender un seguro de caldera. La parte complicada del asunto, pero fácilmente solventable. Es decir, convencer a la gente de que les conviene tener un descuento de luz y gas, a cambio de pagar bimensualmente una cantidad determinada que antes no pagaban, es jodido. Pero había un argumento poderoso, que todos los comerciales utilizaban: Las revisiones anuales de la caldera serían obligatorias a partir de ese año, así que iban a tener que contratar un seguro igualmente ¿Por qué no usar éste, si es el mejor que hay, y encima le viene con un diez por ciento de descuento en luz y gas? Jamás me molesté en comprobar si esto era cierto, lo reconozco. Algo me decía que saberlo no haría más que torpedear mi habilidad como comercial.

La mayoría de las veces, si los clientes en cuestión no estaban convencidos de contratar el seguro de caldera, no había manera de hacerles cambiar de opinión. Si encima tenían ya contratado uno, la misión se antojaba realmente complicada. Aún así, pude presenciar casos de todo tipo.

Cuando llamaba a una puerta, y al pedirle la factura del gas, en vez de mostrarme una factura de Gas Natural, me sacaban una de Iberdrola, empezaba a salivar. Porque sólo podía significar una cosa: El cliente que tenía en frente ya había cambiado de compañía una vez. Y como yo sabía que Iberdrola también hacía sus descuentos vendiendo soterradamente un seguro de caldera, mi objetivo se tornaba de pronto en una empresa fácil. Mi seguro, sobre el papel, era mejor y más barato que el de Iberdrola. Además, aún no daban descuentos en luz, así que practicamente todas las veces que se cruzó en mi camino un vecino que perteneciera a esta compañía, acabó pasándose a la mía.

Pero, semana tras semana, se me hizo realmente cuesta arriba convencer a las personas que tenían contrato de Gas Natural que necesitaban mis descuentos, y que les hacía falta mi seguro de caldera. La decisión de abandonar el barco empezó a rumiarse en mi cabeza. De hecho, mi subconsciente la tomó por mí. Yo me dí un plazo de un mes para dejar el trabajo. Pero llegó el día, un viernes, en que nos cambiaron de Zona. Pasamos de Parla a Torrejón. Fue un día horrible, la segunda vez que me fuí a casa con los bolsillos vacíos. Para colmo, Torrejón no estaba tan bien interconectada como Parla, así que tardé dos horas y media en llegar a mi piso en el centro de Madrid. Esa noche salí de fiesta, y seguí insistiendo en darme el plazo de un mes.

Pero llegó el Lunes y no quise ir. Cuando me llamó la jefa de grupo, pensaba inventarme que estaba enfermo, pero el subconsciente me tomó la delantera, y le dije que lo dejaba. Ella alucinó en colores, y comenzó su despliegue de argumentos sectarios para retenerme, siempre con una premisa: El que en realidad perdía con todo aquello era yo. El tiempo me demostró lo contrario. De los veintiún contratos que conseguí, trece confirmaron su afiliación a Endesa. Si a eso le restas los impuestos de Autónomo, saqué cerca de 300 euros en limpio.

Es cierto que, de haber continuado, seguramente habría recaudado mensualmente algo más de mil euros. Había gente que realmente estaba haciendo pasta con este trabajo. Pero eran personas que, en su mayoría, venían del maltrecho sector de la construcción, y que no tenían ningún tipo de ambición en la vida. Se ponían un traje un día y ya se creían los reyes del mambo. No veían modo de vida mejor, y no les importaba estar trabajando hasta las once de la noche (una hora bastante molesta para llamar a la puerta de nadie, por cierto). Encima, en muchos aspectos, como el de las charlas matutinas, era como ir al instituto. Honestamente, no creo que este negocio esté yendo tan bien ahora, cuando la crisis es más aguda, y la gente está más hastiada de las grandes compañías de cualquier sector.

Yo luchaba, y lucho, por un sueño que nada tenía que ver con eso.

Sólo me sentí mal por José Luis, que siempre se portó bien conmigo, razón por la que decidí mencionarle en esta entrada con un nombre ficticio.

Pero lo que ha hecho que, con el paso de los años, esté arrepentido de haber trabajado allí, es que, de alguna manera, colaboré a que estos facinerosos de la energía, estos ladrones sobre los que Nicola Tesla escupiría si estuviera vivo, llevaran a cabo su guerra. Una guerra que no les tenía como víctimas a ellos, sino a las millones de personas que estafaron con el pretexto de unos descuentos en luz y gas. A los millones de personas a las que han convertido en esclavos de la energía.

El Problema de esta Crisis, la razón por la que los ciudadanos no hemos salido aún de ella, es porque ni los bancos, ni las Instituciones públicas, ni Telefónica, ni las compañías energéticas nos lo han permitido. Lo que el gobierno pretende es que todos tengamos flexibilidad, pero que las grandes compañías no. Si tienes problemas para pagar un recibo de luz, por ejemplo, más vale que vendas tu sangre, o tus órganos, porque si no consigues retribuirlo te la quitarán al momento. Por eso me arrepiento de haber colaborado a que estos hijos de la gran puta se forraran.

¿Está este texto escrito con ánimo revanchista? sí. Pero también está escrito con ánimo de redención. Pido disculpas a las personas a las que pude perjudicar, si es que lo hice. Sólo era un trabajo, y yo fuí tan engañado como todos.


lunes, 9 de julio de 2012

Pelis vs Series

Casi me meo de la risa cuando, hace unos años, empezaron a salir todas aquellas listas sobre las mejores películas de la década de 2000. No sólo por lo absurda naturaleza de esas encuestas (de eso ya hablaremos detenidamente en otra entrada), ni tampoco por la calidad de las cintas que estaban en los primeros puestos, que en algunos casos era vergonzosa (en otros era bastante más digna), sino por una certeza:

Lo mejor que se ha hecho en ficción a lo largo de los 12 años que llevamos de siglo, no se estrenó en una pantalla grande.

El mejor cine que se ha hecho en los últimos años no se pudo ver en una sala de cine, sino en la pantalla de un televisor (bueno, lo más correcto casi sería decir que en la pantalla de tu ordenador). Es un topicazo, lo sé. Porque la televisión, parafraseando a mi admirado Manuel Preciado, ni antes era la última mierda que cagó Pilatos, ni ahora es oro todo lo que reluce. Hay mucha serie normalilla, o mucha serie de mierda, que ha cogido el rebufo de otras que sí eran verdaderas obras maestras, como The Wire, Los Soprano, A dos metros Bajo tierra, o por qué no decirlo (aunque sus fans estén realmente cabreados), Lost. Y esto sólo por mencionar las que han abierto el camino para que ahora se tome en serio lo que se hace en la antes denostada "caja tonta".

Quiero decir, que una serie tenga sexo, palabrotas, y violencia explícita, no quiere decir que sea buena. Llama más la atención, eso sí, pero no es buena. Sin embargo, es cierto que muchas series han tomado la delantera a los largometrajes cinematográficos que se hacen hoy en día.

Me gustaría analizar los factores que, a mi juicio, han conseguido que este hecho se produzca.

La primera causa es clara, y viene de lejos. La evolución, o más bien involución, del cine de Hollywood. Lo curioso es que todo empezó en los años 70, considerada la última época dorada del Cine Americano, en donde los directores de cine asaltaron los grandes estudios y tomaron el poder de sus producciones (el llamado Nuevo Hollywood). Fue el momento de mayor libertad creativa en la industria, y de hecho, las series de hoy en día dicen beber de ese espíritu. Lo cierto es que estarían más cerca, en cuanto a organización, del Hollywood super estructurado de los años 40. Pero, temáticamente, sí se puede decir que series como Las mencionadas antes, estarían emparentadas con las películas dirigidas por los Coppola, los Scorsese, o los Bogdanovich.

Lo que no imaginaba Coppola, que había hecho El Padrino (y su secuela) con claros tintes autorales, y que hoy en día es considerada por todas las encuestas como la mejor película de la Historia, es que sería precisamente su obra la iniciadora de esta Involución. Bueno, maticemos eso. No fue la película en sí la que la provocó. Pero sí el sistema de distribución orquestado por el brillante jefe de Producción de la Paramount: Bob Evans.

Hasta ese momento, el sistema clásico de distribución americano era muy parecido al de una gira teatral. Las cintas se distribuían en salas de cine muy escogidas, siempre intentando que no compitieran con otras películas, o que no hubieran dos cines en una misma localidad que exhibieran el mismo título. Si, por ejemplo, vivías en Kansas, y una película como, por ejemplo, Lo que el viento se llevó, se estrenaba en Los Angeles, podían pasar meses hasta que el filme se estrenaba en tu localidad. Es más, se producía el fenómeno de muchas familias yendo al pueblo de al lado a ver una obra que aún no había llegado al cine de su vecindario. Si luego resultaba que, una vez estrenada, la cinta tenía buena acogida, podía durar meses en cartel. Por supuesto, era vital que tu producto fuera de calidad, porque de esa manera obtendrías un mayor beneficio económico. Si la película no gustaba, el público no iría a verla, y si no iba a verla, el dueño del cine buscaría otra que fuera capaz de llenarle la sala.

Evans decidió saltarse este sistema y reventar el mercado. Lo hizo presionado por Charles Bluhdorn, que era el presidente de Paramount. A pesar de que no tenía ni puta idea de cine, sí tenía clara una cosa: Quería beneficios. Y la mítica Paramount, que había llegado a sus manos después de absorber al grupo económico que la poseía, no le estaba generando ninguno. Así que Evans echó el resto: El Padrino no se estrenaría en un sólo teatro, ni siquiera en unos cuantos seleccionados, sino que lo haría simultáneamente en todas las ciudades y pueblos del país. La jugada le salió perfecta. Recaudaron más de 80 millones de dólares en todo el país, un doble récord: En cantidad de dinero recaudado, y en tiempo conseguido.

Esto dio pie a un nuevo sistema, que buscaba repartir la mayor cantidad de copias posibles en el mismo momento del estreno, para así abarcar un gran número de cines. Esto generaba que la vida comercial de las películas durara menos, pero también que se pudieran fabricar más (y no he usado un verbo erróneo). Se construyeron multicines que albergaran la masificada oferta y se creó una dinamo comercial donde imperaban las palomitas y los refrescos, auténticos captadores de adolescentes. Sólo hacían falta películas acordes con la nueva mentalidad. George Lucas, auténtico Darth Vader del cine de autor (fue uno de los instigadores del Nuevo Hollywood, antes de pasarse al otro bando), y sobre todo, Steven Spielberg, les dieron los títulos que necesitaban. El primero lanzó Star Wars, que elevó a los filmes de ciencia ficción, de la serie B a la primera línea de ataque. El segundo arrasó con Tiburón (Jaws), que recaudó casi 500 millones de dólares en todo el mundo. Ellos dieron pie a lo que han sido las tres décadas posteriores.

El cine americano se ha convertido, a base de efectos especiales, en un espectáculo de feria, al que los espectadores, cada vez menos silenciosos, y cada vez menos respetuosos con los que tienen al lado, van a pasárselo bien. A ver la misma película una y otra vez. El bueno, el malo, la tía buena, la secuencia de acción en la que no faltan explosiones, o el chiste del gracioso de turno.

De ahí la Involución, ya que hemos vuelto a los tiempos en los que Mélies rodaba escenas con trucos de montaje imposibles, que causaban la admiración del público. No me juzguen mal, considero a Mélies uno de los padres del cine, una de las personas que han hecho de él el arte que es. Lo que me parece mal es que hayamos vuelto a hacer las cosas de la misma manera. Martin Scorsese supo verlo perfectamente, en la meritoria La Invención de Hugo, donde se cuenta una historia que tiene entre sus protagonistas al cineasta francés, y que está rodada en tres dimensiones, el nuevo juguete de feria inventado para atraer a una masa de espectadores cada vez más alejada de las salas. Mélies colaboró a que el cine evolucionara, pero el 3D está remarcando su involución. No sé si esto es lo que quería mostrar el maestro Scorsese, pero desde luego, esa dicotomía subyace del visionado de la película.

Alguno estará con la mosca detrás de la oreja, porque sólo hablo del cine de Hollywood, como si no se hicieran buenas películas en el resto del mundo, que además no tienen ánimo de ser espectáculo de feria. Evidentemente tienen razón, se hacen grandes obras fuera de EEUU, pero eso no importa, porque a ellas también les acabó afectando el nuevo sistema de distribución del que les hablo. Al acabar imponiéndose los multicines sobre los teatros cinematográficos, éstos desaparecieron. El mayor ejemplo lo pueden ver en la Calle Gran Vía de Madrid, que antes estaba plagada de ellos, y donde ahora encontrar uno es tan difícil como buscar a Wally.

Pero lo realmente negativo no era eso, por mucha nostalgia que nos entre de esos días. Lo nocivo para la industria cinematográfica de muchos países fue que la mayoría de esos multicines pertenecían a multinacionales americanas, algunos incluso a productoras de allí, que colocaban (y aún lo hacen) sus películas por decreto. Por tanto, y centrándonos como ejemplo en el cine español, que ya de por sí no es un producto muy querido por sus ciudadanos (sí, aunque no lo crean, por los espectadores extranjeros), si encima le roban la mayor parte del espacio en la "estantería", pues difícilmente va a poder crecer una industria patria.

Por eso mismo, también el cine Europeo, y el cine occidental en general (Oriente es otro cantar), sufrió una Involución.


La Segunda Causa de que las series hayan superado a las pelis viene de que los productos de la pequeña pantalla han seguido el camino exactamente inverso. Una Evolución. En un medio como la televisión, preso desde su nacimiento de los intereses comerciales de las marcas que la patrocinaban, era complicado ver un producto bien hecho. Es decir, había cosas muy meritorias, pero la evolución de la calidad de las mismas fue extremadamente lenta.

Ciñéndonos al terreno de la ficción, series como Lucy (I love Lucy), o El Show de Dick Van Dyke fueron auténticos hitos para la televisión del momento, pero vistas con perspectiva, envejecieron demasiado pronto. Por supuesto, el bajo presupuesto de muchas de sus producciones, que nada tenían que ver con lo que se hacía en cine, colaboraba mucho en este deterioro. La inmediatez de cada producción también. Pero lo que realmente perjudicaba la calidad de los contenidos narrativos era el hecho de estar supeditados a las exigencias del anunciante de turno.

No nos engañemos, la tele era, y en su mayoría sigue siendo, una ventana publicitaria. Las series y programas no eran la parte vital de la programación, eran simplemente el gancho, el relleno para mostrar lo que de verdad generaba dinero: Los anuncios.  Los directivos de las cadenas se referían a los programas y series como "bloques de entretenimiento". De hecho, esa sigue siendo la jerga que utilizan gente como Paolo Vasile, o José Manuel Lara.

No obstante, las series de televisión siempre fueron un caldo de cultivo para personajes transgresores como Pedro Picapiedra (sí, no se extrañen, era un machista consumado que humillaba a su amigo Pablo), los médicos de M.A.S.H., Frasier, Seinfeld, Hommer Simpson y muchos otros. Coletazos de genialidad en un medio que se disfrutaba instantáneamente, pero que perdía su burbujeo con el paso del tiempo. Es decir, la tele era como ese diamante en bruto que nunca terminaba de ser explotado.

Y es que es complicado hacer una buena historia cuando su estructura acaba dependiendo de aquellos minutos en los que suele cortarse para ir a publicidad. Y más cuando tienes que edulcorar al máximo los contenidos, para que ningún anunciante indignado retire su participación económica.

Por suerte, llegaron los años noventa. Una década poco valorada, a la que se critica el hecho de no haber inventado nada. Pero lo cierto es que bajo el amparo de esos últimos coletazos del siglo XX, nació la nueva televisión. Nacieron las series de HBO, y todo cambió. Los Soprano y A dos Metros Bajo tierra dieron pie a nuevas series como The Wire, Sexo en Nueva York, o Roma, entre otras.

Esas series venían avaladas por un canal de pago, que obtenía sus beneficios de la gente que se suscribía a su oferta televisiva, y de retransmisiones deportivas "pay per view". No necesitaban anunciantes para financiar sus productos, así que cuando se lanzaron a realizar sus propias series, no tuvieron problemas para hacer las cosas como debían hacerse. Parecía de perogrullo, pero no lo era en la televisión del momento.

En lugar de censurar los contenidos de los diferentes creadores que tenían en plantilla, decidieron darles cancha para hacer algo que nunca se había visto antes: Televisión de alta calidad. HBO demostró que, no sólo se podía hacer, sino que el público la demandaba. Bajo la influencia de la cadena de pago americana, nacieron otros canales con el propósito de crear productos similares, como Showtime, o se resetearon algunos ya existentes como AMC.

Dexter, Mad Men, Lost, Breaking Bad, y muchas otras, surgieron para darle aún más brío a la oferta catódica (que cada vez lo era menos). Todas ellas series rompedoras, que no rehuían temas hasta ese momento tabú, como la homosexualidad, o que le daban una visión tridimensional a aspectos como la infidelidad, la lujuria, la muerte, los comportamientos sociopáticos, y muchos otros que hasta entonces sólo se veían en las películas Europeas. Los personajes que aparecían en los títulos antes mencionados no tenían que ver con ese Héroe de valores morales impolutos y de progresión estática que se veía en el cine.

Es cierto que aún se hacen buenas películas en la zona Independiente de Estados Unidos, y por qué no decirlo, en Europa. Pero las series les han tomado la delantera en lo que a profundidad se refiere. ¿Cómo no iban a hacerlo, si cada una de sus temporadas goza de un mínimo de 6 horas (y eso si tiene bajo presupuesto), mientras que un largometraje tiende a ser mutilado cuando sobrepasa los 120 minutos?

Encima, las series de HBO son de alto presupuesto. Cada capítulo de Los Soprano costó la friolera de dos millones de dólares. Cuando tu oponente no sólo te supera en la estructura de su guión, sino que la calidad de su imagen es casi tan potente como la tuya, poco tienes que hacer.

Y lo siento, pero la Trilogía del Anillo se queda en pañales cuando la comparas con una obra maestra como Juego de Tronos. Y The Dark Knight, considerada por muchos la mejor película en lo que llevamos de siglo, y de la que me declaro fan absoluto, no le llega a la suela de los zapatos a ninguna de las series punteras de HBO. Es más, ni siquiera los grandes filmes que ha hecho Clint Eastwood en estos primeros doce años de siglo, ni la constante y meritoria reinvención de sí mismo que hace con cada proyecto el consagradísimo Lars Von Trier, pueden compararse con la calidad y el bagaje narrativo de series como Los Soprano, o The Wire.

Es verdad que comparar medios audiovisuales es absurdo, pero la Televisión lleva siendo demasiado tiempo humillada por su hermano mayor el Cine, así que puedo entender que haya cierto revanchismo entre los profesionales del sector, que no dudan en sacar pecho, ahora que pueden.

La Tercera Causa la tienen en el medio más odiado por todos los profesionales consagrados del audiovisual: Internet. ¿Por todos? quizá por unos más que otros. Piénsenlo bien. ¿A quién perjudica más que haya descargas ilegales, al cine o a la televisión? Pues hombre, todo tiene sus matices, pero está claro que el más perjudicado es el mercado de largometrajes, puesto que sus presupuestos son bastante superiores a los de las series de televisión, y puesto que por cada persona que descarga una película, su productora deja de percibir una media de 5 a 10 euros.

En la tele, lo cierto es que los anunciantes pagan mucho más por veinte segundos de espacio en los intermedios, que lo que abona un espectador medio de cine, pero con una salvedad. La tele es siempre gratis para los espectadores. Por tanto, si alguien de, pongamos, Italia, se descarga un capítulo de una serie americana, no les preocupa tanto. A los anunciantes americanos les da igual, porque su público objetivo no está en Europa. Y a los canales en cuestión les beneficia, porque no hay forma más gratuita de publicidad. Han habido muchas series en España que han forjado su reputación en la red, hasta que finalmente algún canal puntero decide ponerlo en su parrilla (el último ejemplo es el de Sherlock, aunque en este caso se trate de una serie inglesa).

Si hablamos de canales de Pago, como HBO, es mucho mejor. Porque ellos no necesitan de anunciantes. A HBO sólo le interesa vender su propia marca. Así que Internet es un hervidero publicitario que acaba generando enormes ingresos. De hecho, una serie que le ha otorgado gran prestigio, The Wire, no tuvo gran acogida durante su programación. Hasta que finalizó la tercera temporada, ni siquiera era una serie de culto. Pero lo curioso es que su fascinación crece y crece cuantos más años pasan desde la emisión de su último capítulo. La serie tiene cada vez más fans, y a los fans, benditos ellos, les gusta coleccionar cosas que tengan que ver con ella, como por ejemplo, los cofres de DVD con los capítulos de cada temporada, o los recopilatorios de toda la serie. El propio David Simon, su creador, reconoce que la serie da más ingresos ahora que cuando estuvo en antena, gracias a lo mencionado antes.

El cine no puede decir lo mismo. El empecinamiento de la mayoría de productoras por mantener su anterior sistema de ingresos, en lugar de asumir que el mercado ha cambiado, no ha hecho más que perjudicarles. Ahora parece que mucha gente avispada empieza a idear formas de ganar dinero con la red, pero al principio lo que hicieron fue enrocarse, perseguir a los usuarios de internet, y encarecer cada vez más las entradas. Es obvio que esto no les ha dado resultados.

Pero más obvio aún es que, hoy en día, un espectador que quiere disfrutar de una historia, prefiere ver las pelis o las series en la pantalla de su ordenador, o en sus televisores de cuarenta pulgadas. ¿Para qué ir a una sala de cine donde tienes que soportar al gilipollas de turno haciendo alguna gracieta, o al tonto del culo que se ha dejado encendido el móvil, o peor aún, a la chavalada que está más preocupada porque no le exploten las hormonas que de la película?

Además, Internet ha dado cabida a un nuevo tipo de espectador. El devorador de imágenes, que se traga series completas de horas y horas. Que se inyecta en vena los capítulos, como cuando estás leyendo un libro que te tiene cogido por los huevos y no te suelta hasta que lo terminas.

Sabiendo esto, los canales de televisión han tomado la delantera, ofreciendo el grueso de sus contenidos en sus respectivas páginas web.

Hasta que las productoras de cine no se den cuenta de que Internet no es el futuro, sino que ya es una realidad aplastante, y sobre todo, hasta que no comprendan que el espectáculo de feria acabará por convertirles en marginales, las series seguirán dándoles sopas con ondas, en lo que a calidad se refiere.