martes, 3 de julio de 2012

Algunos apuntes sobre la Eurocopa 2012

Ahora que ya ha terminado, y tras conocer que mi querida España ha hecho Historia al ganar su tercer torneo Internacional consecutivo (Eurocopa, Mundial y Eurocopa), me gustaría hacer una reflexión sobre ciertos aspectos que me han llamado la atención de esta Eurocopa 2012, celebrada entre Polonia y Ucrania.

1. Panenka Reivindicativo: Pirlo.

No sé si Antonín Panenka estuvo presente en alguna de las sedes donde se disputó esta Eurocopa. Desde luego, su espíritu sí apareció en dos de los momentos más decisivos del campeonato.

La primera vez sucedió en las botas de Andrea Pirlo. En esta ocasión sirvió para que el extraordinario centrocampista de Brescia, que hubiera sido nombrado jugador del torneo de no ser por la estrepitosa derrota de su equipo en la final, volviera a reivindicar su estatus como genio del fútbol italiano. En realidad, su gran temporada con la Juventus ya había servido para destapar las vergüenzas de su anterior equipo, el Milan, que decidió prescindir de él debido a su alta edad. Pero el campeonato Europeo que ha realizado, coronado con el penalti que lanzó en la tanda disputada contra Inglaterra, le ha elevado a los altares de Leyenda del Fútbol.

He visto la secuencia completa (ver a partir del minuto 3.28) de ese penalti más de diez veces, y ni me canso, ni me cansaré de verlo. Y digo secuencia por dos razones: Porque, sin duda, ha sido el momento más cinematográfico de toda esta Eurocopa, y porque para disfrutar la jugada como Dios manda hay que observarla desde principio a fin. Desde el momento en el que, con tranquilidad pasmosa, coloca el balón en el punto de penalti, pasando por la posterior toma de distancia, donde el realizador televisivo nos muestra un primer plano de su rostro impertérrito, hasta llegar al lanzamiento decisivo, una cuchara (o "cucchiaio" que diría él) de trayectoria lenta, preciosa, y precisa. Un penalti a lo Panenka en toda regla, surgido de la misma necesidad que sintió el bueno de Antonín cuando se lo encasquetó en el 76 al rencoroso Maier (que nunca le perdonó tal afrenta): Lanzar el balón al lugar donde el impetuoso Hart (que ya había optado por lanzarse a un extremo) no puede alcanzarlo, el centro de la portería.

Pero lo mejor de todo llega justo después, cuando ya el balón está dentro. Sin ejercitar un solo músculo de su cara, Pirlo observa a sus incrédulos compañeros, con la serenidad del francotirador que ha alcanzado a su objetivo. Misión Cumplida.

2. Panenka Redentor: Sergio Ramos.

La segunda vez que el espíritu de Panenka apareció en la Euro 2012, fue para hacer justicia. Sergio Ramos, futbolista sevillano, que ha desarrollado una carrera de menos a más en el Real Madrid, llegó al campeonato habiendo hecho la mejor temporada de su vida. Volviendo a jugar de central, después de varios años haciéndolo en el lateral derecho, el de Camas ha mostrado su mejor versión: Equilibrado, preciso, y sin sus clásicos altibajos; pero sobre todo con galones, muchos galones. Por primera vez, desde que llegara a la casa blanca y vistiera el número 4 que legendarizó Fernando Hierro, Sergio demostró estar a la altura de su predecesor.

Sin embargo, la temporada le dejó un poso amargo. Aquella semifinal de Champions que tuvieron que disputarse a penaltis con el Bayern de Munich. Cuando le tocó el turno de tirar a Ramos, éste lo hizo fuerte, y arriba, donde los porteros nunca llegan. Neuer supo que así había sido. Lo que no imaginó hasta apenas un segundo después, es que el lanzamiento de Ramos había ido tan arriba que había salido directo hacia el espacio exterior... Me refiero a la grada, no sean rebuscados. Vale, lo admito, yo tampoco pude evitar el chiste.

Automáticamente, el huracán cizañero que es Twitter se hizo eco del error, alcanzando unos niveles de escarnio dignos del Sálvame De Luxe. De Twitter pasó a Facebook, y de ahí a todos los informativos nacionales.

Ramos llegó a esta Eurocopa habiendo superado ese episodio. Y siguió jugando como a lo largo de toda la temporada: Brillantemente. En un campeonato donde nuestra Selección no estuvo tan arrolladora como otras veces, su asociación con Gerard Piqué (que muchos dudaron fuera a funcionar), resultó decisiva para conseguir el título.

La Justicia, Poética, le llegó en la eliminatoria más complicada del torneo. Contra Portugal se llegó a los penaltis. Y en la tanda, a Ramos le tocó lanzar el cuarto. Más de uno (y me incluyo), pensó que bastantes emociones fuertes estábamos teniendo ya como para que encima Ramos fuera a tirar una pena máxima. Viendo las imágenes repetidas, se vislumbra en el rostro de Sergio un poso que mezcla la seguridad con la determinación. Había imaginado ese momento muchas veces. Cuando chutó el penalti, el país entero estalló en el delirio. La duda era si acabábamos de ver el acto de un genio, o el de un loco. Sólo espero que su futura esposa esté mentalizada de que, si alguna vez deciden tener hijos, van a ser quintillizos. Porque para hacer un penalti a lo panenka, habiendo sido víctima de las burlas de todo un país meses antes, hay que tener los huevos muy grandes.

3. Gracias Sara.

A mí me cae bien Sara Carbonero. Quiero decir, es obvio que el mayor mérito que ostenta para estar donde está es que es tremendamente guapa. La escogieron en la Sexta porque era tremendamente guapa, la fichó Telecinco porque era tremendamente guapa, y la odia/envidia media españa porque ES tremendamente guapa. Iker Casillas se fijó en ella por la misma razón, pero confío en que vio algo más que sus hipnóticos ojos verdes (por complicado que eso resulte), para acabar compartiendo su día a día con ella. Cosa que me importa poco, mientras siga haciendo paradones como éste.

El caso es que no han hecho falta demasiados argumentos para que en "Sálvame" la hayan puesto a parir. Ah, no, que no era "Sálvame". Era Twitter. Otra vez.

Vamos a decir las cosas claras: Su función en la retransmisión del partido es absurda. Pero no ya por culpa suya, sino por la del lumbreras que decidió que, aparte de realizar entrevistas con los jugadores una vez acabado el juego, tenía que comentar qué cosas estaban pasando a pie de campo durante el tiempo reglamentario. Es decir, reporteros a pie de campo los hubo siempre (Josep Pedrerol es el primero que se me viene a la cabeza, quizá por la nostalgia que me entra al recordar que un día fue un periodista de verdad), pero su función se resumía en las entrevistas de antes y después del encuentro. Punto pelota (soy el puto amo hilando conceptos, lo sé). Pero la idea de una reportera (porque, salvo el caso de Juanma Castaño, siempre es mujer) que comenta puntualmente lo que sucede en el banquillo, o datos estadísticos curiosos, es una patraña. Una moda muy extendida en las retransmisiones deportivas de ahora, pero una patraña, al fin y al cabo. La única que realiza bien ese cometido es Susana Guasch, no sólo porque sabe de fútbol (que sabe más que sus compañeros de La Sexta, de calle), sino porque La Sexta retransmite los partidos de clubes que tienen contrato con Mediapro (factótum del canal hasta hace poco), por lo que siempre está bien colocada para ver qué ocurre realmente en los aledaños del terreno de juego. El resto de reporter@s que ejercen ese trabajo (Silvia Barba, África de Miquel, Juanma Castaño, o la propia Sara) NO SE ENTERAN DE NADA.

Tanto Sara como Juanma, por seguir con el ejemplo que nos interesa, están colocados en zonas del campo en las que pueden ver lo que sucede en la misma medida en la que lo hacen los periodistas que narran la acción. Teniendo en cuenta de que muchas veces la organización de la UEFA sólo les permite que se sitúen detrás de una portería; si resulta que la acción con balón sucede cerca de la contraria, incluso ven menos. Así que es absurdo cuando de repente va el narrador y pregunta: "¿hay movimiento en el banquillo Italiano, Sara?", porque es posible que el propio Narrador esté en mejor posición de ver que, en efecto, varios miembros del combinado italiano están saltando a calentar. Juanma Castaño lo disimula mejor porque, sí, sabe más de fútbol. Pero también porque es hombre. Y gracioso.

Porque, no lo neguemos, al final todo se resume en nuestra mentalidad machista: Los hombres sólo ven en Sara a una tía que está buenísima, y las mujeres... Las mujeres ven exactamente lo mismo que los hombres, pero les jode más.

4. Shakespeare Ronaldo.

Hay algo que le reconozco a los portugueses. Su talento dramático no tiene parangón. No sé si los futbolistas que vienen de allí son, en alguna medida, reflejo de su sociedad. Supongo que algo habrá, aunque con unos cuantos millones de euros de diferencia. Lo que me llama la atención es cómo el sentir luso ha evolucionado de la "saudade" (esa palabra que no tiene traducción en ningún idioma, y que refleja un indescriptible sentimiento de nostalgia e insatisfacción, que llora por lo que se tuvo, por lo que se perdió, o incluso por lo que nunca se consiguió), a la más pura tragedia Shakespeariana.

Porque lo que vimos en las semifinales de esta Eurocopa no fue una áspera y brutal tragedia griega. Más bien fue un trasunto de la versión más moderna y sentimental perpetrada por el dramaturgo inglés. Cuando Cesc marcó el gol que confirmaba la clasificación de España para la final, la reacción de Cristiano Ronaldo fue clamar contra los dioses: "¡Injustiça! ¡Injustiça!"

Su rabia no era producto de la pena. Es decir, no fue debido a que se le habían escapado las semifinales a su selección. Su rabia era porque se le habían escapado a Él, el hombre que sufre la conjura de todos los seres humanos, que le increpan allí donde va. Pero sobre todo, su rabia procedía de que Fábregas le había robado su momento de gloria. Había decidido lanzar el quinto penalti de la tanda, porque sabía que podría ser el decisivo, y que siempre sería recordado como el héroe que clasificó a su selección para la tan ansiada final Europea.

Porque ése es el problema de Ronaldo, ésa es una de las causas por las que nunca será tan grande como Messi. Que tiene tanto afán de protagonismo, está tan preocupado por su propia gloria personal, que no entiende (y ya está empezando a pasársele el arroz) que el fútbol es un deporte de equipo. Y que tu gloria personal no significa nada sin la de tus compañeros. Que no importa si Messi te quitó la bota de Oro, porque tú y tus compañeros ganasteis la Liga. Sólo te daré un ejemplo: Lo que hizo Torres en la jugada del cuarto gol de España contra Italia. Aún sabiendo que, si marcaba, se convertiría en bota de oro indiscutible de la Euro, decidió cedérsela a su compañero Juan Mata, que apenas había debutado en el torneo. Dentro de diez o veinte años, nadie recordará que te quedaste a las puertas de conseguir la bota de oro, pero todos hablarán con devoción de aquella Selección Española que metió cuatro goles a Italia en una final.

Entre el retórico "Por qué" de Mourinho y la "Injustiça" de Ronaldo, los portugueses nos están ofreciendo el resurgir del drama Shakespeariano. La única diferencia es que estos dos monólogos ya históricos del fútbol no nos producen tristeza, sino unas incontrolables ganas de partirnos el culo de risa.

5. Querer y no Poder: Alemania

Alemania apabulló a todos sus rivales durante el torneo. A todos menos a Italia, que le asestó dos latigazos en sendas jugadas de coontrataque finalizadas por el polémico Ballotelli. Para cuando quiso reaccionar, a Alemania se le hizo demasiado tarde. Lograron marcar el gol de la honra, en el tiempo de descuento, y a los italianos se les metió el miedo en el cuerpo, pero nada cambió.

La Selección Teutona no estuvo a la altura del guión de la película, que auguraba una final entre estos y los españoles. Italia les comió la tostada, y sin pretenderlo, hundió en la miseria a una generación de futbolistas de la que siempre se espera todo, pero que nunca consiguen nada. Es duro decir algo así de un equipo que, en los últimos cuatro años, ha llegado a una final, y dos semifinales, pero es que cuando hablas de una Selección que es Tricampeona del mundo y de Europa, todo lo que no sea ganar sabe a poco.

Con propuestas futbolísticas mucho menos vistosas, y con equipos menos lustrosos, Alemania forjó su leyenda. No hay que olvidar que son los inventores de la defensa de cinco jugadores, liderada por el gran Beckenbauer. Aquella que, en los años setenta estuvo a punto de conseguir la proeza que ayer logró nuestra Selección Española. Sólo espero que esta derrota no sea la causa del desmembramiento de este equipo.

Porque, dejando de lado las antipatías políticas que despertó en sus rivales (que nada tienen que ver con el deporte, dicho sea de paso), este equipo merece más de lo que ha conseguido. Después de España, han sido los que mayor espectáculo futbolístico han dado, con mucha diferencia. Lo que juega a su favor es que aún gozan de un equipo joven, y que cuando lleguen al mundial de 2014 llevarán la friolera de ocho años jugando juntos. Esa es la base con la que se han forjado los grandes campeones. Así que, si esta eliminación inesperada no les supone un golpe demasiado duro de encajar, no tengo duda de que los Ozil, Müller, Gómez, Lahm y compañía no han dicho su última palabra.

6. El Oliver Atom de Fuente Albilla.

Las Fotos hablan por si solas. Cinco o séis Italianos, ídem de Croatas, rodeando a Andrés Iniesta. Al lado, un fotograma del Anime que aquí se llamó "Óliver y Benji". La comparación es significativa, no sólo por las tremendas similitudes entre las tres imágenes, sino por la naturaleza hiperbólica de la serie de dibujos japonesa, pródiga en mostrar jugadas imposibles y poco verosímiles. Supuestamente, ésta era una de ellas. Pero Andrés Iniesta demostró que no.

Que le hayan nombrado MVP del campeonato, no sólo es justo, sino que es el reconocimiento merecido para el jugador importante menos valorado de la Historia. Su presencia en el campo, ya sea con su club, o con la Selección, es siempre determinante para que se consigan títulos.

7. El Bello Fútbol: La influencia de los campeones.

La mejor noticia de esta Euro, a nivel general, es el hecho de que cuatro grandes equipos (España, Alemania, Francia e Italia, por no mencionar a otros menores como Croacia) hayan apostado por un fútbol de toque y clase. Incluso Italia, que ha hecho del Catenaccio una cultura, decidió cambiar el discurso. La guinda se produjo en semifinales, cuando tres de los cuatro equipos que las disputaron, hicieron gala de esta filosofía.

La sombra de España es alargada, y aunque podemos decir con orgullo que la diferencia entre nosotros y ellos se mide en que la calidad de los que desarrollan la técnica de toque en nuestro equipo es superior a la del resto, han habido partidos en esta Eurocopa que han sido tremendamente interesantes de ver. Aunque no hubo mayor exhibición que la española en la final, el mejor partido de todo el torneo lo disputaron Italia y Alemania en la semifinal.

8. San Iker es Dios.

Este va a ser el apartado más corto de todos, no porque Iker sea menos importante, sino porque todo lo que pueda decir sobre él ya está en el título. Iker no es un santo. Es Dios. Y como Dios, está en todas partes. Es imposible marcarle un gol a alguien que es omnipresente. Y punto.

9. El Toquenaccio: La Sinfonía compuesta por Vicente del Bosque.


No, no termino en el punto 9 por casualidad. Como decíamos en España y los "Seleccionadores", a Vicente Del Bosque le cayeron chuzos de punta durante toda la Eurocopa, por no utilizar un delantero centro puro en su planteamiento futbolístico.

La crítica más mordaz surgió justo después del partido contra Francia en Cuartos de Final. Después de ganar jugando a medio gas, sin dejar a los franceses tocar el balón, pero sin ser capaces de adelantarse en el marcador hasta prácticamente el final del partido, muchas voces empezaron a denominar el juego de España como Toquenaccio. El término resultaba peyorativo, porque recordaba demasiado al Catenaccio, que denominaba el farragoso estilo de juego que, curiosamente, también inventó un español (Helenio Herrera), pero que comercializaron los italianos.

Además, aplicarle esto a una Selección que se esforzaba por hacer del juego bonito su bandera, resultaba, como mínimo, frustrante.

Pero la final disputada ayer convirtió toda esa frustración en orgullo. El Toquenaccio, que días antes había sido el arma arrojadiza con la que los detractores de Del Bosque atacaban sus polémicas decisiones, acabó siendo una perfecta sinfonía, personificada en todos y cada uno de los jugadores que componían el once inicial.

La clave, cierto es, estuvo en que Xavi, bastante gris durante el resto del torneo, tiró de galones, y volvió a ser el eje del equipo, el creador de la magia, el arquitecto de ese bello edificio modernista que es España. A partir de ahí, todos estuvieron enormes. Y el fútbol se hizo arte.

Decir que el gol que marcó España en el minuto trece de la final fue el mejor de toda la Eurocopa sería injusto. Eso no fue un gol, fue una puta Obra Maestra. Una jugada colectiva que culminó Silva, pero que pertenece a todos los que la tejieron, toque a toque. Unos minutos después, Jordi Alba apretó el botón de DRS, y Xavi, que no dudó, le colocó un balón medido que el lateral catalán culminó con una definición digna del mejor delantero centro.

Italia, la Bella Italia, había muerto. Presos de la tensión, y del cansancio, provocados ambos por la presión y por las vertiginosas e interminables posesiones de los nuestros, no pudieron hacer más que aguantar el chaparrón. El partido terminó demasiado pronto, en el minuto quince de la segunda parte, cuando Motta, recién salido al campo, se rompió varias fibras. Prandelli ya había realizado todos los cambios (Chiellini se rompió en la primera parte), e Italia tuvo que afrontar el resto del partido con diez jugadores. Para España, que ya en ese momento era Tricampeona de Europa, los veinte minutos restantes fueron un tiempo extra. Un tiempo de descuento demasiado largo para los italianos, pero demasiado corto para los aficionados españoles, deseosos de que ese placer constante no acabara nunca. Los dos últimos goles fueron pornografía futbolística. Un placer excesivo e innecesario. Pero un placer, al fin y al cabo.

Y aunque Iker pedía respeto para Italia, los cuatro minutos que el árbitro portugués decidió añadir nos supieron a poco. Porque todos los españoles (todos menos los aguafiestas), queríamos seguir disfrutando, y sobre todo, queríamos seguir olvidando que estábamos en crisis, que existía algo llamado prima de riesgo, que teníamos una clase política que no estaba a la altura de estos dioses del balón, y sobre todo, queríamos seguir soñando, aunque fuera en forma de epopeya futbolística, que éramos los mejores en algo.

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